Blogia

eedm

ERDLC: 7-4 bis.

ERDLC: 7-4 bis.

De la esfera al cubo

Después de haber dado algunas «ilustraciones» de lo que hemos designado como la «solidificación» del mundo, nos queda que hablar todavía de su representación en el simbolismo geométrico, donde puede ser figurada por un paso gradual de la esfera al cubo; y en efecto, en primer lugar, la esfera es propiamente la forma primordial, porque es la menos «especificada» de todas, al ser semejante a ella misma en todas las direcciones, de suerte que, en un movimiento de rotación cualquiera alrededor de su centro, todas sus posiciones sucesivas son siempre rigurosamente superponibles las unas a las otras . Así pues, se podría decir, es la forma más universal de todas, que contiene de alguna manera a todas las demás, que saldrán de ella por diferenciaciones que se efectúan según ciertas direcciones particulares; y es por eso por lo que esta forma esférica es, en todas las tradiciones, la del «Huevo del Mundo», es decir, lo que representa el conjunto «global», en su estado primero y «embrionario», de todas las posibilidades que se desarrollarán en el curso de un ciclo de manifestación . Por lo demás, hay lugar a destacar que ese estado primero, en lo que concierne a nuestro mundo, pertenece propiamente al dominio de la manifestación sutil, en tanto que ésta precede necesariamente a la manifestación grosera y es como su principio inmediato; y es por lo que, de hecho, la forma esférica perfecta, o la forma circular que se le corresponde en la geometría plana (como sección de la esfera por un plano de una dirección cualquiera) no se encuentra nunca realizada en el mundo corporal .

ERDLC. 7-4. ////Felices Pascuas.

ERDLC. 7-4. ////Felices Pascuas.

...agregaremos todavía una precisión que concierne a algunas descripciones de seres extraños que se encuentran en esos relatos: como esas descripciones datan naturalmente todo lo más de la antigüedad «clásica», en la que ya se había producido una incontestable degeneración desde el punto de vista tradicional, es muy posible que se hayan introducido ahí confusiones de más de un tipo; así, una parte de esas descripciones pueden provenir en realidad de «supervivencias» de un simbolismo que ya no era comprendido , mientras que otra puede referirse a las apariencias revestidas por las manifestaciones de algunas «entidades» o «influencias» pertenecientes al dominio sutil, y alguna otra también, pero que sin duda no es la más importante, puede ser realmente la descripción de seres que hayan tenido una existencia corporal en tiempos más o menos lejanos, pero pertenecientes a especies desaparecidas desde aquel entonces o que no hayan subsistido sino en condiciones excepcionales y por rarísimos representantes, lo que puede encontrarse incluso hoy todavía, piensen lo que piensen al respecto los que se imaginan que ya no hay nada desconocido para ellos en este mundo. Se ve que, para discernir lo que hay en el fondo de todo eso, sería menester un trabajo bastante largo y difícil, tanto más cuanto que las «fuentes» de las que se dispone ya están lejos de representar puros datos tradicionales; es evidentemente más simple y más cómodo rechazarlo todo en bloque como lo hacen los modernos, que por lo demás no comprenderían mejor los verdaderos datos tradicionales mismos y no verían en ellos más que indescifrables enigmas, y que persistirán naturalmente en esta actitud negativa hasta que nuevos cambios en la «figura del mundo» vengan finalmente a destruir su engañosa seguridad.

Olduvai. 6-4 bis

Olduvai. 6-4 bis

¡Adelante, Rey Kilovatio!

Pregunta: ¿Donde ocurrirá la mortandad masiva de Olduvai? Respuesta: En todas partes. Pero las grandes ciudades serán, desde luego, los lugares más peligrosos para vivir cuando las redes eléctricas mueran. Allí quedarán millones de personas densamente empaquetadas en edificios altos, rodeados por hectáreas y hectáreas de asfalto y cemento: no habrá electricidad, no habrá trabajo y no habrá alimento. Las áreas urbanas se despoblarán rápidamente cuando las redes eléctricas dejen de existir. De hecho, ya hemos trazado las zonas peligrosas (ver, por ejemplo La Tierra Viviente –en inglés Living Earth-, 1966). En concreto, las grandes ciudades aparecen como puntos brillantes de color amarillo anaranjado en los mosaicos de los satélites de la NASA, cuando fotografían la Tierra de noche. Esas luminarias del planeta están diciendo “atención”, “cuidado” y “peligro”. Los Ángeles y Nueva York, Londres y París, Bombay y Hong Kong son puntos calientes insostenibles.

Olduvai. 6-4.

Olduvai. 6-4.

EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR
“ La mano escribe y después se mueve”. La decreciente fiabilidad del suministro eléctrico ya ha comenzado.

Los cortes eléctricos en California y en otras partes, son el resultado de un largo proceso de desarrollo económico, del incremento incesante de dispositivos informáticos engullidores de energía, del aumento de la población y de un parón en la construcción de nuevas plantas de energía, en medio de la desregulación del mercado energético. Como los cortes amenazan con expandirse hacia el este en los próximo años, los ciudadanos norteamericanos se pueden ver en la tesitura de tener que optar por la energía o el medio ambiente; entre construir más plantas de energía o convivir con los dolores de cabeza económicos y las inconveniencias de suministros eléctricos inadecuados. (Carlton, 2000)

El negocio de la electricidad ha llegado al límite de su capacidad de generación, sea esta basada en las plantas de carbón, en las nucleares o en saltos hidroeléctricos. El negocio eléctrico ya ha respondido a esta escasez. Se han pasado pedidos para instalar un gran número de plantas generadoras de electricidad basadas en gas natural. Pero esas plantas de energía requieren una ingente cantidad de gas natural. El incremento dramático del consumo de gas que esto exige, simplemente no se puede abordar, porque el gas no está ahí (Simmons, 2000).

Como ya hemos subrayado, la Civilización Industrial está atada a la electricidad. Por decirlo de alguna forma, en 1999 la electricidad suministró el 42% de la energía de uso final en todo el mundo, contra el 39% del petróleo (el combustible fósil líder). Aún así, esa pequeña diferencia del 3% empaña la magnitud real del problema, porque omite la diferente calidad de las diferentes formas del uso final de la energía. Pidiendo disculpas a George Orwell y a la Segunda Ley de la Termodinámica “Todos los julios (J) de energía son iguales, pero unos son más iguales que otros”. Esto es, si uno calienta su café, entonces un julio de energía funciona igual que un julio de energía eléctrica. Sin embargo, si uno desea conectar su ordenador, entonces 1 julio de energía representa 3 julios de petróleo. Por tanto, la relación entre la importancia de la electricidad, frente al petróleo en la Civilización Industrial, nos es de 42:39, sino algo más parecido a 99:1. cocientes similares se pueden hacer extensivos a la electricidad frente al gas y al carbón.

ERDLC. 6-4 bis

ERDLC. 6-4 bis

Al considerar así las cosas, se llega finalmente a esto: o bien se veía antaño lo que ya no se ve ahora, porque ha habido cambios considerables en el medio terrestre o en las facultades humanas, o más bien en los dos a la vez, siendo estos cambios tanto más rápidos cuanto más se acerca uno a nuestra época; o bien lo que se llama la «geografía» tenía antiguamente una significación completamente diferente de la que tiene hoy día. De hecho, los dos términos de esta alternativa no se excluyen, y cada uno de ellos expresa un lado de la verdad, puesto que la concepción que uno se hace de una ciencia depende naturalmente a la vez del punto de vista desde donde se considera su objeto y de la medida en la cual se es capaz de aprehender efectivamente las realidades que están implicadas en él: por estos dos lados a la vez, una ciencia tradicional y una ciencia profana, incluso si llevan el mismo nombre (lo que indica generalmente que la segunda es como un «residuo» de la primera), son tan profundamente diferentes que están realmente separadas por un abismo. Ahora bien, hay realmente una «geografía sagrada» o tradicional, que los modernos ignoran tan completamente como todos los demás conocimientos del mismo género; hay un simbolismo geográfico así como un simbolismo histórico, y es el valor simbólico de las cosas el que les da su significación profunda, porque es por eso por donde es establecida su correspondencia con las realidades de orden superior; pero, para determinar efectivamente esta correspondencia, es menester ser capaz, de una manera o de otra, de percibir en las cosas mismas el reflejo de esas realidades. Es así como hay lugares que son más particularmente aptos para servir de «soporte» a la acción de las «influencias espirituales», y es en esto en lo que se ha basado siempre el establecimiento de algunos «centros» tradicionales principales o secundarios, de los que los «oráculos» de la antigüedad y los lugares de peregrinaje proporcionan los ejemplos más aparentes exteriormente; hay también otros lugares que no son menos particularmente favorables a la manifestación de «influencias» de un carácter enteramente opuesto, pertenecientes a las más bajas regiones del dominio sutil; ¿pero que puede significar para un occidental moderno que haya, por ejemplo, en tal lugar una «puerta de los Cielos» o en tal otro una «boca de los Infiernos», puesto que el «espesor» de su constitución «psicofisiológica» es tal que, ni en el uno ni en el otro, pueden sentir absolutamente nada de especial? Así pues, estas cosas son literalmente inexistentes para él, lo que bien entendido, no quiere decir que hayan cesado de existir realmente; pero es verdad que, al haberse reducido en cierto modo al mínimo las comunicaciones del dominio corporal con el dominio sutil, es menester, para poder constatarlas, un mayor desarrollo de esas mismas facultades de antaño, y son justamente esas facultades las que, bien lejos de desarrollarse, han ido al contrario debilitándose generalmente y han acabado por desaparecer en la «media» de los individuos humanos, de suerte que la dificultad y la rareza de las percepciones de ese orden han sido doblemente acrecentadas con ello, y es eso lo que permite a los modernos tomar a irrisión los relatos de los antiguos.

ERDLC. 6-4.

ERDLC. 6-4.

En el comienzo, dicen también, se vieron «maravillas», después, más tarde, hubo solo «curiosidades» o «singularidades», y finalmente «se apercibieron de que esas singularidades se plegaban a unas leyes generales, que los sabios buscaban fijar»; pero lo que describen así mal que bien, ¿no es precisamente la sucesión de las etapas de la limitación de las facultades humanas, etapas de las que la última corresponde a lo que se puede llamar propiamente la manía de las explicaciones racionales, con todo lo que tienen de groseramente insuficiente? De hecho, esta última manera de ver las cosas, de donde procede la geografía moderna, no data verdaderamente más que de los siglos XVII y XVIII, es decir, de la época misma que vio el nacimiento y la difusión de la mentalidad especialmente racionalista, lo que confirma bien nuestra interpretación; a partir de ese momento, las facultades de concepción y de percepción que permitían al hombre alcanzar otra cosa que el modo más grosero y más inferior de la realidad estaban totalmente atrofiadas, al mismo tiempo que el mundo mismo estaba irremediablemente «solidificado».

ERDLC. 5-4. bis

ERDLC. 5-4. bis

Estas pocas indicaciones bastan para hacer comprender cuan vanas son todas las discusiones a las que los profanos (y por esta palabra debemos entender aquí todos aquellos que están afectados del espíritu moderno) pueden intentar librarse sobre lo que se refiere a los primeros periodos del Manvantara, a los tiempos de la «edad de oro» y de la «tradición primordial», e incluso a hechos mucho menos remotos como el «diluvio» bíblico, si uno no toma éste más que en el sentido más inmediatamente literal en el que se refiere al cataclismo de la Atlántida; estas cosas son de las que están y estarán siempre enteramente fuera de su alcance. Por lo demás, es por eso por lo que las niegan, como niegan indistintamente todo lo que les rebasa de una manera cualquiera, ya que todos sus estudios y todas sus investigaciones, emprendidas partiendo de un punto de vista falso y limitado, no pueden desembocar en definitiva más que en la negación de todo lo que no está incluido en ese punto de vista; y, además, esas gentes están tan persuadidas de su «superioridad» que no pueden admitir la existencia o la posibilidad de que nada escape a sus investigaciones; ¡ciertamente, los ciegos estarían igualmente bien fundamentados para negar la existencia de la luz y para sacar pretexto de ello para jactarse de ser superiores a los hombres normales!
Lo que acabamos de decir de los límites de la historia, considerada según la concepción profana, puede aplicarse igualmente a los de la geografía, ya que, ahí también, hay muchas cosas que han desaparecido completamente del horizonte de los modernos; que se comparen las descripciones de los geógrafos antiguos a las de los geógrafos modernos, y se verá llevado frecuentemente a preguntarse si es verdaderamente posible que los unos y los otros se refieran a un mismo país. Sin embargo, los antiguos de que se trata no lo son más que en un sentido muy relativo, e incluso, para constatar cosas de este género, no hay necesidad de remontar más allá de la Edad Media; no ha habido pues, ciertamente, en el intervalo que los separa de nosotros, ningún cataclismo notable; a pesar de eso, ¿ha podido cambiar el mundo de figura hasta tal punto y tan rápidamente? Sabemos bien que los modernos dirán que los antiguos han visto mal, o que han contado mal lo que han visto; pero esta explicación, que equivaldría en suma a suponer que, antes de nuestra época, todos los hombres estaban tocados de trastornos sensoriales o mentales, es verdaderamente demasiado «simplista» y negativa; y si se quiere examinar la cuestión con toda parcialidad, ¿por qué, al contrario, no serían los modernos los que ven mal, y los que ni siquiera ven en absoluto algunas cosas? Proclaman triunfalmente que «la tierra está ahora enteramente descubierta», lo que no es quizás tan verdadero como creen, y se imaginan que, por el contrario, era desconocida para los antiguos en su mayor parte, en lo cual uno se puede preguntar de qué antiguos quieren hablar con exactitud, y si piensan que antes de ellos, no hubo otros hombres que los occidentales de la época «clásica», y que el mundo habitado se reducía entonces a una pequeña porción de Europa y de Asia Menor; agregan que «lo desconocido, porque es desconocido, no podía ser más que misterioso»; pero, ¿dónde han visto que los antiguos hayan dicho que había cosas «misteriosas», y no es simplemente que ellos las declaran tales porque ya no las comprenden?

ERDLC. 5-4.

ERDLC. 5-4.

(...) esos vestigios, en el estado en el que se presentan hoy, y en tanto que, por consiguiente, forman parte del medio actual, han participado forzosamente, como todo lo demás, en la «solidificación» del mundo; si no hubieran participado en ella, puesto que su existencia ya no está de acuerdo con las condiciones generales, habrían desaparecido enteramente, y sin duda ha sido así de hecho para muchas cosas de las que ya no se puede encontrar el menor rastro. Seguidamente, los arqueólogos examinan esos vestigios mismos con ojos de modernos, que no aprehenden más que de la modalidad más grosera de la manifestación, de suerte que, incluso si algo más sutil ha permanecido todavía vinculado a ellos a pesar de todo, son ciertamente muy incapaces de apercibirse de ello, y los tratan en suma como los físicos mecanicistas tratan a las cosas de que se ocupan, porque su mentalidad es la misma y porque sus facultades están igualmente limitadas. Se dice que, cuando un tesoro es buscado por alguien a quien, por una razón cualquiera, no está destinado, el oro y las piedras preciosas se cambian para él en carbón y guijarros vulgares; ¡los modernos aficionados a las excavaciones podrían sacar provecho de esta otra «leyenda»!
Sea como sea, es muy cierto que, por el hecho mismo de que los historiadores emprenden todas sus investigaciones colocándose en un punto de vista moderno y profano, encuentran en el tiempo ciertas «barreras» más o menos completamente infranqueables; y como lo hemos dicho en otra parte, la primera de esas «barreras» se encuentra colocada hacia el siglo VI antes de la era cristiana, donde comienza lo que uno puede llamar, con las concepciones actuales, la historia propiamente dicha, de suerte que la antigüedad que ésta considera no es, en suma, sino una antigüedad muy relativa. Se dirá sin duda que las excavaciones recientes han permitido remontar mucho más atrás, sacando a la luz restos de una antigüedad mucho más remota que esa, y eso es verdad hasta un cierto punto; únicamente, lo que es bastante destacable, es que entonces ya no hay ninguna cronología cierta, de suerte que las divergencias en la estimación de las fechas de los objetos y de los acontecimientos varían sobre siglos y a veces incluso sobre milenios enteros; además, nadie llega a hacerse ninguna idea por poco clara que sea de las civilizaciones de aquellas épocas tan lejanas, porque ya no se pueden encontrar, con lo que existe actualmente, los términos de comparación que se encuentran todavía cuando no se trata más que de la antigüedad «clásica», lo que no quiere decir que ésta, del mismo modo que la Edad Media que está no obstante aún más cerca de nosotros en el tiempo, no esté desfiguradísima en las representaciones que dan de ella los historiadores modernos. Por lo demás, la verdad es que todo lo que las excavaciones arqueológicas han hecho conocer de más antiguo hasta aquí no se remonta más que a los alrededores del comienzo del Kali-Yuga, donde se encuentra colocada naturalmente una segunda «barrera»; y, si se pudiera llegar a franquear ésta por un medio cualquiera, habría todavía una tercera que corresponde a la época del último gran cataclismo terrestre, es decir, del que se designa tradicionalmente como la desaparición de la Atlántida; ¡evidentemente sería completamente inútil querer remontar todavía más lejos, ya que, antes de que los historiadores hayan llegado a ese punto, el mundo moderno habrá tenido mucho tiempo de desaparecer a su vez!

ERDLC. 4-4. Ter.

ERDLC. 4-4. Ter.

En cuanto a las modificaciones artificiales producidas por la intervención del hombre, no son en suma más que consecuencias, en el sentido de que, como ya lo hemos explicado, son precisamente las condiciones especiales de tal o de cual época las que las hacen posibles; si el hombre puede actuar no obstante de una manera más profunda sobre el ambiente, es más bien psíquicamente que corporalmente, y lo que hemos dicho de los efectos de la actitud materialista puede ya hacerlo comprender suficientemente.
Por todo lo que hemos expuesto hasta aquí, es fácil darse cuenta ahora del sentido general en el que se efectúan estos cambios: ese sentido es el que hemos caracterizado como la «solidificación» del mundo, que da a todas las cosas un aspecto que responde de una manera cada vez más próxima (aunque no obstante siempre inexacta en realidad) a la manera en que las consideran las concepciones cuantitativas, mecanicistas o materialistas; es por eso, hemos dicho, que la ciencia moderna «triunfa» en sus aplicaciones prácticas, y es por eso también por lo que la realidad ambiente no parece infligirle desmentidos demasiado contundentes. No habría podido ser lo mismo en épocas anteriores, donde el mundo no estaba tan «sólido» como hoy día, y donde la modalidad corporal y las modalidades sutiles del dominio individual no estaban tan completamente separadas (aunque, como lo veremos más adelante, incluso en el estado presente, haya que hacer ciertas reservas en lo que concierne a esta separación). No solo el hombre, debido a que sus facultades estaban mucho menos estrechamente limitadas, no veía el mundo con los mismos ojos que hoy día, y percibía de él muchas cosas que se le escapan ahora enteramente; sino que, correlativamente, el mundo mismo, en tanto que conjunto cósmico, era verdaderamente diferente cualitativamente, porque posibilidades de otro orden se reflejaban en el dominio corporal y le «transfiguraban» en cierto modo; y es así como, cuando algunas «leyendas» dicen por ejemplo que hubo un tiempo en el que las piedras preciosas eran tan comunes como lo son ahora los guijarros más groseros, eso no debe tomarse quizás solo en un sentido completamente simbólico. Bien entendido, ese sentido simbólico existe siempre en parecido caso, pero eso no es decir que sea el único, ya que toda cosa manifestada es necesariamente un símbolo en relación a una realidad superior; por lo demás, no pensamos tener necesidad de insistir en ello, ya que hemos tenido en otras partes suficientes ocasiones de explicarnos sobre eso, ya sea de una manera general, ya sea en lo que concierne a los casos más particulares tales como el valor simbólico de los hechos históricos y geográficos.
Nos adelantaremos sin más tardar a una objeción que podría plantearse sobre el tema de estos cambios cualitativos en la «figura del mundo»: se dirá quizás que, si ello fuera así, los vestigios de las épocas desaparecidas que se descubren a cada instante deberían dar testimonio de ello, y que, sin hablar de las épocas «geológicas» y para atenerse a lo que toca a la historia humana, los arqueólogos e incluso los «prehistoriadores» no encuentran nunca nada de tal, por lejos que los resultados de sus excavaciones se adentren en el pasado.

ERDLC. 4-4. Bis.

ERDLC. 4-4. Bis.

Los límites de la historia y de la geografía

Hemos dicho precedentemente que, en razón de las diferencias cualitativas que existen entre los diversos periodos del tiempo, por ejemplo entre las diversas fases de un ciclo tal como nuestro Manvantara (y es evidente que, más allá de los límites de la duración de la presente humanidad, las condiciones deben ser todavía más diferentes), se producen en el medio cósmico en general, y más especialmente en el medio terrestre que nos concierne de una manera más directa, cambios de los que la ciencia profana, con su horizonte limitado únicamente al mundo moderno donde ella ha tomado nacimiento, no puede hacerse ninguna idea, de suerte que, cualquiera que sea la época que quiera considerar, ella se representa siempre un mundo cuyas condiciones habrían sido semejantes a lo que son actualmente. Hemos visto, por otra parte, que los psicólogos se imaginan que el hombre ha sido siempre mentalmente tal cual es hoy día; y lo que es verdad de los psicólogos a este respecto lo es otro tanto de los historiadores, que aprecian las acciones de los hombres de la antigüedad o de la Edad Media exactamente como si apreciaran las de sus contemporáneos, atribuyéndoles los mismos motivos y las mismas intenciones; así pues, ya se trate del hombre o del medio, en eso hay evidentemente una aplicación de esas concepciones simplificadas y «uniformizantes» que corresponden tan bien a las tendencias actuales; en cuanto a saber cómo esta «uniformización del pasado puede conciliarse en otras partes con las teorías «progresistas» y «evolucionistas» admitidas al mismo tiempo por los mismos individuos, es ese un problema que no nos encargaremos de resolver, y sin duda no es sino un ejemplo más de las innumerables contradicciones de la mentalidad moderna.
Cuando hablamos de cambios del medio, no entendemos hacer alusión solo a los cataclismos más o menos extensos que marcan en cierto modo los «puntos críticos» del ciclo; esos son cambios bruscos que corresponden a verdaderas rupturas de equilibrio, e, incluso en el caso en que no se trata por ejemplo más que de la desaparición de un solo continente (casos que son lo que se encontrarían de hecho en el curso de la historia de la presente humanidad), es fácil concebir que todo el conjunto del medio terrestre no debe ser por ello menos afectado por sus repercusiones, y que así la «figura del mundo», si puede decirse, debe ser por eso mismo notablemente cambiada. Pero hay también modificaciones continuas e insensibles que, en el interior de un periodo donde no se produce ningún cataclismo, no obstante acaban poco a poco por tener resultados casi tan considerables; no hay que decir que no se trata de simples modificaciones «geológicas», en el sentido en que lo entiende la ciencia profana, y, por lo demás, es un error no considerar los cataclismos mismos más que desde ese punto de vista exclusivo, que, como siempre, se limita a lo más exterior; tenemos en vista algo de un orden mucho más profundo, que incide sobre las condiciones mismas del medio, de suerte que, incluso si no se toman en consideración los fenómenos geológicos que aquí ya no son más que detalles de importancia secundaria, los seres y las cosas no serían por ello menos verdaderamente cambiados.

erdlc: 4-4.

erdlc: 4-4.

Apenas hay necesidad de notar que los «clarividentes», según las escuelas a las que se vinculan, no dejan de ver «fluidos» o «radiaciones», y es lo mismo también así, concretamente entre los teosofistas, que ven átomos o electrones; en eso como en muchas otras cosas, lo que ven de hecho, son sus propias imágenes mentales, que, naturalmente, son siempre conformes a las teorías particulares en las que creen. Es también así como ven la «cuarta dimensión», e incluso todavía otras dimensiones suplementarias del espacio; y esto nos lleva a decir algunas palabras, para terminar, de otro caso que depende igualmente de la «mitología» científica, y que es lo que llamaríamos de buena gana el «delirio de la cuarta dimensión». Es menester convenir que la «hipergeometría» estaba hecha para sorprender la imaginación de gentes que no poseen conocimientos matemáticos suficientes como para darse cuenta del verdadero carácter de una construcción algebraica expresada en términos de geometría, ya que no se trata de otra cosa en realidad; y, destacámoslo de pasada, eso es también un ejemplo de los peligros de la «vulgarización». Así, mucho antes de que los físicos hayan pensado en hacer intervenir la «cuarta dimensión» en sus hipótesis (devenidas por lo demás mucho más matemáticas que verdaderamente físicas, en razón de su carácter cada vez más cuantitativo y «convencional» a la vez), los «psiquistas» (todavía no se decía los «metapsiquistas» en aquel entonces) se servían ya de ella para explicar los fenómenos en los cuales un cuerpo sólido parece pasar a través de otro; y, también ahí, eso no era para ellos más que una simple imagen que «ilustraba» de una cierta manera lo que se puede llamar las «interferencias» entre dominios o estados diferentes, lo que hubiera sido aceptable; pero es muy realmente, pensaban, como el cuerpo en cuestión había pasado por la «cuarta dimensión». Por lo demás, en eso no se trataba más que de un comienzo, y, en estos últimos años se han visto, bajo la influencia de la física nueva, escuelas ocultistas que han llegado hasta edificar la mayor parte de sus teorías sobre esta misma concepción de la «cuarta dimensión»; por lo demás, a este propósito, se puede destacar que el ocultismo y la ciencia moderna tienden cada vez más a unirse a medida que la «desintegración» avanza poco a poco, porque los dos se dirigen ahí por vías diferentes. Más adelante tendremos que volver a hablar de la «cuarta dimensión» bajo otro punto de vista; pero, por el momento, ya hemos dicho bastante sobre todo eso, y es tiempo de pasar a otras consideraciones que se refieren más directamente a la cuestión de la «solidificación» del mundo.

Olduvai. 4-4.

Olduvai. 4-4.

LA TEORIA DE OLDUVIA: 1930-2030

El sistema inmune de la Tierra, por así llamarlo, ha reconocido la presencia de la especie humana y está comenzando a reaccionar. La Tierra está intentando sacudirse de la infección del parásito humano. Richard Preston, 1994.

La Teoría de Olduvai, volviendo al asunto, establece que la esperanza de vida de la Civilización Industrial es menor o igual a cien años, medida como el promedio mundial de producción de energía por persona y año: ê = E/Pop. La Civilización Industrial, según aquí se define, comenzó en 1930 y se prevé que acabe sobre el año 2030 o incluso antes. Nuestros principales objetivos para esta sección tienen tres vertientes: (1) discutir la Teoría de Olduvai entre 1930 y 2030, (2) identificar los eventos energéticos importantes durante este periodo y (3) enfatizar que Civilización Industrial = Civilización Eléctrica = al “modo de vida moderno”. La figura 4 muestra la teoría de Olduvai.

Figura 4. La Teoría de Olduvai: 1930-2030

Notas: (1) 1930 Þ La Civilización Industrial comenzó cuando (ê) alcanzó el 30% del valor pico máximo o cenit. (2) 1979 Þ ê alcanza el pico máximo de 11,15 boe/c. (3) 1999 Þ El fin del petróleo barato. (4) 2000 Þ Comienzo de la “Jihad de Jerusalén”. (5) 2006 Þ Cenit predicho en la producción mundial de petróleo (figura 1 de este documento) (6) 2008 Þ El punto de cruce OPEP con países No OPEP (Figura 1). (7) 2012 Þ cortes eléctricos permanentes ocurren a nivel mundial. (8) 2030 Þ La Civilización Industrial acaba cuando ê cae a niveles de 1930. (9) Obsérvese que hay tres intervalos de declive en el esquema de Olduvai: la pendiente, el declive y el barranco o acantilado, cada uno de los cuales es más agudo que el anterior (10) los pequeños dibujos hacen hincapié en que la electricidad es la energía de uso final esencial para la Civilización Industrial.

La Figura 4 muestra la curva completa de Olduvai entre 1930 y el año 2030. Los datos históricos aparecen de 1930 a 1999 y los valores hipotéticos del 2000 al 2030. Estos 100 años se denominan “Civilización Industrial”. La curva y los sucesos constituyen ambos el “esquema de Olduvai”. Obsérvese que la curva general tiene una forma de onda como un pulso, que se denomina exceso y colapso. Ocho grandes sucesos definen el esquema de Olduvai.

Los Ocho Sucesos: El primero, en 1930 (ver nota 1 de la Figura 4) marca el comienzo de la Civilización Industrial, cuando ê alcanzó los 3,32 boe/c. Este es el “punto de arranque del 30%”, una forma estándar de definir la duración de un pulso. El segundo suceso, en 1979 (Nota 2) marca el pico máximo o cenit de producción mundial de energía per capita, cuando ê alcanzó los 11,15 boe/c. el tercer suceso, en 1999 (nota 3) marca el fin del petróleo barato. El cuarto suceso de 28 de septiembre de 2000 (nota 4) marca la erupción de la violencia en el Medio Oriente; esto es, la Jihad de Jerusalén. Además el “JJ” señala el final de la “pendiente” de Olduvai, en el que ê decrece a un 0,33% por año, entre 1979 y 1999.

En la Figura 4 se aprecian los siguientes intervalos en el esquema de Olduvai. El “declive” de Olduvai, el primero de los intervalos futuros, comienza en el año 2000 con una escalada de la guerra en el Medio Oriente. El quinto suceso de Olduvai en el 2006 (Nota 5) señala el pico máximo o cenit de la producción mundial de petróleo (Figura 1 de este documento). El sexto suceso en el 2008 (Nota 6) marca el momento en que la OPEP supera la producción de los países No OPEP, producen el 51% del petróleo mundial y controlan cerca del 100% de las exportaciones mundiales de petróleo. El año 2011 señala el final del “declive” de Olduvai, en el que ê decrece un 0,67% por año entre el 2000 y el 2011.

El “precipicio” es el último intervalo del esquema de Olduvai. Comienza con el séptimo suceso en el 2012 (Nota 7) cuando empiezan a suceder una serie de cortes eléctricos permanentes de carácter epidémico y finalmente, las redes eléctricas de potencia, finalmente expiran. El octavo suceso en 2030 (Nota 8) señala la caída de la producción (o uso) de energía mundial per capita al nivel de 1930 (Figura 4). Este es el punto de descenso del 30% respecto del pico, cuando la Civilización Industrial se convierte en historia. La tasa de decrecimiento de ê es del 5,44% por año entre el 2012 y el 2030.

ERDLC. 1-4 ter.

ERDLC. 1-4 ter.

La concepción «fluídica» sobrevivió en la mentalidad general, si no en las teorías de los físicos, al menos hasta la mitad del siglo XIX (se continuó incluso mucho más tiempo empleando comúnmente expresiones como la de «fluido eléctrico», pero de una manera más bien maquinal y sin vincularles ya una representación precisa); el espiritismo, que vio la luz en aquella época, la heredó tanto más naturalmente cuanto que estaba predispuesto a ello por su conexión original con el magnetismo, conexión que es incluso mucho más estrecha de lo que se supondría a primera vista, ya que es muy probable que el espiritismo no hubiera podido tomar nunca un desarrollo tan enorme sin las divagaciones de los sonámbulos, y ya que es la existencia de los «sujetos» magnéticos la que preparó e hizo posible la de los «médiums» espiritistas. Hoy día todavía, la mayor parte de los magnetizadores y de los espiritistas continúan hablando de «fluidos» y, lo que es más, creyendo seriamente en ellos; este «anacronismo» es tanto más curioso cuanto que todas esas gentes, en general, son partidarios fanáticos del «progreso», lo que concuerda mal con una concepción que, excluida desde hace tanto tiempo del dominio científico, debería, a sus ojos, aparecer muy «retrograda». En la «mitología» actual, los «fluidos» han sido reemplazados por las «ondas» y las «radiaciones»; éstas, bien entendido, no dejan por ello de jugar a su vez el mismo papel en las teorías inventadas más recientemente para intentar explicar la acción de ciertas influencias sutiles; nos bastará mencionar la «radiestesia», que es tan «representativa» como es posible a este respecto. No hay que decir que, si no se tratara en eso más que de simples imágenes, de comparaciones fundadas sobre una cierta analogía (y no de una identidad) con los fenómenos de orden sensible, la cosa no tendría inconvenientes muy graves, y podría incluso justificarse hasta un cierto punto; pero ello no es así, y es muy literalmente como los «radiestesistas» creen que las influencias psíquicas de las que se ocupan son «ondas» o «radiaciones» que se propagan en el espacio de una manera tan «corporal» como sea posible imaginarla; el «pensamiento» mismo, por lo demás, no escapa a ese modo de representación. Así pues, es siempre la misma «materialización» la que continua afirmándose bajo una forma nueva, quizás más insidiosa que la de los «fluidos» porque puede parecer menos grosera, aunque, en el fondo, todo eso sea exactamente del mismo orden y no haga en suma más que expresar las limitaciones mismas que son inherentes a la mentalidad moderna, es decir, su incapacidad para concebir nada fuera del dominio de la imaginación sensible .

ERDLC. 1-4 bis

ERDLC. 1-4 bis

Este estado de cosas ha comenzado desde que el estudio y el manejo de ciertas influencias psíquicas han caído, si uno puede expresarse así, en el dominio profano, lo que marca en cierto modo el comienzo de la fase más propiamente «disolvente» de la desviación moderna; y se le puede en suma hacer remontar hasta el siglo XVIII, de suerte que se encuentra que es exactamente contemporáneo del materialismo mismo, lo que muestra en efecto que estas dos cosas, contrarias solo en apariencia, debían acompañarse de hecho; no parece que hechos similares se hayan producido anteriormente, sin duda porque la desviación todavía no había alcanzado el grado de desarrollo que debía hacerlos posibles. El rasgo principal de la «mitología» científica de aquella época, es la concepción de los «fluidos» diversos bajo la forma de los cuales se representaba entonces todas las fuerzas psíquicas; y es precisamente esta concepción la que fue transportada del orden corporal al orden sutil con la teoría del «magnetismo animal»; si uno se remite a la idea de la «solidificación» del mundo, se dirá quizás que un «fluido» es, por definición, lo opuesto de un «sólido», pero por ello no es menos verdad que, en este caso, juega exactamente el mismo papel, puesto que esta concepción tiene por efecto el de «corporizar» cosas que dependen en realidad de la manifestación sutil. Los magnetizadores fueron en cierto modo los precursores directos del «neoespiritualismo», si no incluso sus primeros representantes; sus teorías y sus prácticas influenciaron en una medida más o menos amplia a todas las escuelas que tomaron nacimiento después, ya sea que fueran abiertamente profanas como el espiritismo, o ya sea que hayan tenido pretensiones «pseudoiniciáticas» como las múltiples variedades del ocultismo. Esta influencia persistente es incluso tanto más extraña cuanto que parece completamente desproporcionada con la importancia de los fenómenos psíquicos, en suma muy elementales, que constituyen el campo de experiencias del magnetismo; pero lo que es quizás todavía más llamativo, es el papel que jugó ese mismo magnetismo, desde su aparición, para desviar de todo trabajo serio a organizaciones iniciáticas que habían conservado todavía hasta entonces, si no un conocimiento efectivo que llegara muy lejos, al menos la consciencia de lo que habían perdido a este respecto y la voluntad de esforzarse en recuperarlo; y es permisible pensar que no es esa la menor de las razones por las cuales el magnetismo fue «lanzado» en el momento requerido, incluso si, como ocurre casi siempre en parecido caso, sus promotores aparentes no fueron en eso más que instrumentos más o menos inconscientes.

ERDLC. 1-4-2004

ERDLC. 1-4-2004

No queremos extendernos demasiado sobre un tema que se prestaría a unos desarrollos casi indefinidos, pero que se aleja mucho de lo que tenemos principalmente en vista; sería fácil mostrar, por ejemplo, que, en razón de la «supervivencia» de las hipótesis, elementos que pertenecen en realidad a teorías diferentes se superponen y se entremezclan de tal manera en las representaciones vulgares que forman a veces las combinaciones más heteróclitas; por lo demás, a consecuencia del desorden inextricable que reina por todas partes, a la mentalidad contemporánea se le hace que acepte así gustosamente las más extrañas contradicciones. Preferimos insistir todavía solo sobre uno de los aspectos de la cuestión, que, a decir verdad, anticipará un poco sobre las consideraciones que habrán de tomar lugar después, ya que se refiere a cosas que pertenecen más propiamente a otra fase diferente de la que hemos considerado hasta aquí; pero todo eso, de hecho, no puede ser separado enteramente, lo que no daría más que una figuración demasiado «esquemática» de nuestra época, y, al mismo tiempo, ya se podrá entrever por eso cómo las tendencias hacia la «solidificación» y hacia la disolución, aunque aparentemente opuestas bajo ciertos aspectos, se asocian no obstante por el hecho mismo de que actúan simultáneamente para desembocar en definitiva en la catástrofe final. De lo que queremos hablar, es del carácter más particularmente extravagante que revisten las representaciones de que se trata cuando son transportadas a un dominio diferente de aquel al cual estaban destinadas a aplicarse primitivamente; es de ahí de donde derivan, en efecto, la mayor parte de las fantasmagorías de lo que hemos llamado el «neoespiritualismo» bajo sus diferentes formas, y son precisamente estas apropiaciones de concepciones que dependen esencialmente del orden sensible las que explican esa suerte de «materialización» de lo suprasensible que constituye uno de sus rasgos más generales . Sin buscar por el momento determinar más exactamente la naturaleza y la cualidad de lo suprasensible a lo cual se hace llamada efectivamente aquí, no es inútil destacar hasta qué punto esos mismos que lo admiten todavía y que piensan en constatar su acción están, en el fondo, penetrados de la influencia materialista: si no niegan toda realidad extracorporal como la mayoría de sus contemporáneos, es porque se hacen de ella una idea que les permite reducirla en cierto modo al tipo de las cosas sensibles, lo que seguramente apenas vale más. Por lo demás, uno no podría sorprenderse de ello cuando se ve hasta qué punto todas las escuelas ocultistas, teosofistas y otras de ese género, aman buscar constantemente puntos de aproximación con las teorías científicas modernas, de las cuales se inspiran frecuentemente más directamente de lo que quieren confesar; el resultado no es en suma más que lo que debe ser lógicamente en tales condiciones; e incluso se podría destacar que, debido al hecho de las variaciones sucesivas de esas teorías científicas, la similitud de las concepciones de tal escuela con tal teoría especial permitiría en cierto modo «fechar» a esa escuela en la ausencia de toda reseña más precisa sobre su historia y sobre sus orígenes.

Olduvai.

Olduvai.

Este es el modelo Mundo3 de referencia...tanto la población Pop, como la producción industrial per capita (en inglés Industrial Output Per Capita, o IOPC), crecían más allá de los niveles sostenibles y por tanto decrecían después. La causa de su declive se podía trazar hasta el agotamiento de los recursos no renovables (Meadows, et al., 1972, Figura 35).

El modelo “Mundo3” de referencia (ver 1972 arriba) proyectaba que la producción industrial per capita (IOPC) alcanzaría su cenit o pico máximo en el 2013 y después caería de forma aguda hasta el 2100. Además, la duración de la Civilización Industrial (medida entre los puntos de subida y bajada al 30% del pico máximo) alcanzaba los 105 años.

Presenté la primera Teoría de Olduvai al público en 1989.

El transcurrir de la historia humana se puede dividir en tres fases.

La primera, o fase preindustrial fue un largo periodo de equilibrio cuando las herramientas simples y máquinas muy sencillas limitaban el crecimiento económico.
La segunda, o fase industrial, es un periodo muy corto de no equilibrio, que arrancó con fuerza explosiva cuando nuevas y poderosas máquinas eliminaron temporalmente todos los límites del crecimiento.
La tercera, o fase de desindustrialización, se sitúa inmediatamente después, durante el periodo en que las economías industriales se deslizarán hacia un nuevo periodo de equilibrio, limitado por el agotamiento de los recursos no renovables y el continuo deterioro del medio ambiente (Duncan, 1989)
En 1992, veinte años después del primer estudio del “Mundo3”, los miembros del equipo recalibraron el modelo con los últimos datos disponibles y los utilizaron para “adivinar un futuro sostenible”. Pero

Todo lo que nos declaró Mundo3 es que el modelo del sistema y por implicación, el sistema del “mundo real”, tiene una fuerte tendencia a excederse y colapsar. De hecho, en los miles de modelos sometidos a prueba que hemos intentado estos años, el exceso y el colapso han sido con mucho, los resultados más frecuentes (Meadows, et al., 1992).
¡El modelo de referencia Mundo 3 actualizado, de hecho dio casi exactamente los mismos resultados que surgieron del primer estudio en 1972! Por ejemplo: la producción industrial per capita (IOPC) alcanzó su cenit o pico máximo en 2014 (contra el 2013 en el modelo anterior) y la duración de la Civilización Industrial salió con 102 años (contra 104 años anteriormente).

El escritor australiano Reg Morrison, también prevé que el exceso y el colapso es adonde se dirige la humanidad. En su escenario (no tiene modelo formal), la población mundial alcanza los 7.000 millones de personas en el 2036. Y de ahí decrece a 3.200 millones en el año 2090, con una pérdida promedio de 71,4 millones de personas por año (esto es, muertes menos nacimientos) a lo largo de 54 años.

Dada la gráfica actual de la población humana, sus indicadores también dicen mucho de un mensaje mucho mayor y desde nuestro punto de vista, mucho más ominoso: el ciclo de la plaga humana está a punto de alcanzar un clímax demográfico para después colapsar. No solo nuestros genes han conseguido ocultar o disimular que somos mamíferos totalmente típicos y por tanto, vulnerables a todas las pruebas y equilibrios habituales de la evolución, sino que también han logrado cerrarnos en el ciclo de la plaga, que parecen haber diseñado a propósito. Gaia está corriendo con precisión de reloj suizo (Morrison, 1999).
Las discusiones siguientes muestran que muchos profesionales respetados han alcanzado conclusiones que son consistentes con la Teoría de Olduvai, a la que ahora trataremos.

Olduvai. 31-3.

Olduvai. 31-3.

MODELOS MUNDIALES, ETC.

Quizá sea la visión occidental del hombre y la naturaleza la visión demoníaca más difundida. Entre nosotros, generalmente se cree que el hombre es algo aparte de la Naturaleza y superior a ella. De hecho, la evolución es un proceso para crear al hombre y sentarlo en el vértice de la pirámide de los monos. El hombre ve la Tierra como un tesoro que puede saquear a voluntad. Y desde luego, el comportamiento de los occidentales, especialmente desde el advenimiento de la Revolución Industrial, ofrece una evidencia incontrovertible que sustenta esta afirmación. Ian McHarg, 1971

Jay Forrester, del MIT construyó en 1970 un modelo mundial “para entender las opciones que le quedan a la Humanidad, según la sociedad entra en la transición del crecimiento al equilibrio”.

¿Qué sucede cuando el crecimiento se acerca a límites fijos y es forzada a dejar paso a algún tipo de equilibrio? ¿Existen posibilidades ante nosotros, que nos puedan llevara mundos futuros alternativos?...El crecimiento exponencial no será eterno. El crecimiento de población y la industrialización pararán. Si el hombre no lleva a cabo acciones conscientes para limitar el crecimiento de población y las inversiones de capital, las fuerzas inherentes al sistema natural y social se encargarán de limitar el crecimiento. El asunto es solo cuestión de cuando y cómo cesará el crecimiento, no de si cesará. (Forrester, 1971).

El comportamiento básico del modelo mundial de Forrester, trataba del exceso y del colapso. Proyectó que el estándar de vida material (en inglés material standard of living, o MSL), llegaría a su cenit en 1990 y después decrecería hasta el año 2100. Además, medido por el MSL (esto es, los puntos de subida y bajada al 30% del total del cenit), la esperanza de vida de la Civilización Industrial era de unos 210 años. (Forrester, 1971, Figura 4-2). Utilizó un modelo mundial para investigar las políticas sociales (por ejemplo, la “acción consciente” cultural) para posibilitar la transición a la sostenibilidad.

En nuestros sistemas sociales, no hay utopías. No hay formas de comportamiento sostenibles que estén libres de presiones y tensiones...Pero para desarrollar las formas más prometedoras, se necesitará una dedicación y una contención en un futuro a tan largo plazo que el hombre puede no ser capaz de mantener. nuestro mayor reto ahora es cómo manejar la transición del crecimiento al equilibrio. Las sociedades industriales tienen tras si unas tradiciones antiguas que han promovido y recompensado el crecimiento. El folclore y los cuentos sobre el éxito, alaban el crecimiento y la expansión. Pero ese no es el camino del futuro. (ibid., 1971).

Encontró que la sostenibilidad podría alcanzarse en el modelo del sistema mundial, si se aplicaban, en 1970, las siguientes cinco políticas sociales:

· Tasa de uso de los recursos naturales, reducida un 75%
· La generación de contaminación, reducida un 50%
· La generación de inversión de capital, reducida en un 40%
· La producción de alimentos reducidos un 20%
· La tasa de natalidad reducida un 30% (ibid., 1971)

Los críticos (la mayoría de ellos economistas) dijeron que esas políticas eran “inocentes” y “poco realistas”. Afortunadamente, el equipo del proyecto acababa de completar un estudio de dos años utilizando el modelo más comprensible “Mundo3”. También investigaron las políticas sociales que podían llevar a la sostenibilidad en el sistema. Sin embargo, el sistema de referencia del “Mundo3” (como el de Forrester, en 1971) también proyectaron el exceso y el colapso del sistema mundial.

ERDLC. 31-3 Ter.

ERDLC. 31-3 Ter.

En esas condiciones, lo menos que se puede decir de ello es que hay en eso algo bastante vano, y que, seguramente, es una extraña concepción de la ciencia aquella de la que procede semejante trabajo; pero el peligro de esas teorías ilusorias reside sobre todo en la influencia que, solo por eso de que se titulan «científicas», son susceptibles de ejercer sobre el «gran público», que las toma completamente en serio y que las acepta ciegamente como «dogmas», y eso no solo mientras duran (y frecuentemente apenas han tenido el tiempo de llegar a su conocimiento), sino incluso y sobre todo cuando los sabios las han abandonado ya y mucho tiempo después, debido al hecho de su persistencia, de la que hablábamos más atrás, en la enseñanza elemental y en las obras de «vulgarización», donde, por otra parte, son presentadas siempre de una manera «simplista» y resueltamente afirmativa, y no como las simples hipótesis que eran en realidad para aquellos mismos que las elaboraron. No es sin razón como acabamos de hablar de «dogmas», ya que, para el espíritu antitradicional moderno, se trata en efecto de algo que debe oponerse y substituir a los dogmas religiosos; un ejemplo como el de las teorías «evolucionistas», entre otras, no puede dejar ninguna duda a este respecto; y lo que es también muy significativo, es el hábito que tienen la mayoría de los «vulgarizadores» de salpicar sus escritos de declamaciones más o menos violentas contra toda idea tradicional, lo que muestra muy claramente el papel que están encargados de jugar, aunque sea inconscientemente en muchos casos, en la subversión intelectual de nuestra época.
Ha llegado a constituirse así, en la mentalidad «cientificista» que, por las razones de orden en gran parte utilitario que hemos indicado, es, a un grado o a otro, la de la gran mayoría de nuestros contemporáneos, una verdadera «mitología», no ciertamente en el sentido original y transcendente de los verdaderos «mitos» tradicionales, sino simplemente en la acepción «peyorativa» que esta palabra ha tomado en el lenguaje corriente. Se podrían citar innumerables ejemplos de ello; uno de los más llamativos y de los más «actuales», si se puede decir, es el de la «imaginería» de los átomos y de los múltiples elementos de especies variadas en los que han acabado por disociarse éstos en las teorías físicas recientes (lo que hace que ya no sean átomos, es decir, literalmente «indivisibles», aunque se persiste en darles este nombre a pesar de toda lógica); «imaginería» decimos, ya que sin duda no es más que eso en el pensamiento de los físicos; pero el «gran público» cree firmemente que se trata de «entidades» reales, que podrían ser vistas y tocadas por cualquiera cuyos sentidos estuvieran suficientemente desarrollados o que dispusiera de instrumentos de observación bastante poderosos; ¿no es eso «mitología» del tipo más ingenuo? Eso no impide que ese mismo público se mofe a todo propósito de las concepciones de los antiguos, de las que, bien entendido, no comprenden la menor palabra; ¡admitiendo incluso que haya podido haber en todos los tiempos deformaciones «populares» (todavía una expresión que hoy día se ama mucho emplear a diestro y siniestro, sin duda a causa de la importancia creciente acordada a la «masa»), es permisible dudar que hayan sido nunca tan groseramente materiales y al mismo tiempo tan generalizadas como lo son ahora, gracias a la vez a las tendencias inherentes a la mentalidad actual y a la difusión tan elogiada de la «enseñanza obligatoria» profana y rudimentaria!

ERDLC. 31-3 bis

ERDLC. 31-3 bis

Mitología científica y vulgarización

Puesto que hemos sido conducidos a hacer alusión a las «supervivencias» que dejan en la mentalidad común, teorías en las que los sabios mismos ya no creen, y que aún así no continúan ejerciendo menos su influencia sobre la actitud de la generalidad de los hombres, será bueno insistir un poco más en ello, ya que en eso hay algo que puede contribuir también a explicar algunos aspectos de la época actual. A este respecto, conviene recordar primero que uno de los principales caracteres de la ciencia profana, cuando deja el dominio de la simple observación de los hechos y quiere intentar sacar alguna cosa de la acumulación indefinida de detalles particulares que es su único resultado inmediato, es la edificación más o menos laboriosa de teorías puramente hipotéticas, y que necesariamente no pueden ser nada más, dado su punto de partida completamente empírico, ya que los hechos, que en sí mismos son siempre susceptibles de explicaciones diversas, no han podido y no podrán garantizar nunca la verdad de ninguna teoría, y, como lo hemos dicho más atrás, su mayor o menor multiplicidad no supone nada a este respecto; así tales hipótesis, en el fondo, están mucho menos inspiradas por las constataciones de la experiencia que por algunas ideas preconcebidas y por algunas de las tendencias predominantes de la mentalidad moderna. Por lo demás, se sabe con qué rapidez siempre creciente esas hipótesis, en nuestra época, son abandonadas y reemplazadas por otras, y estos cambios continuos bastan muy evidentemente para mostrar su poca solidez y la imposibilidad de reconocerles un valor en tanto que conocimiento real; es así como toman cada vez más, en el pensamiento de los sabios mismos, un carácter convencional, y por consiguiente irreal, y en eso también podemos observar un síntoma del encaminamiento hacia la disolución final. En efecto, esos sabios, y concretamente los físicos, no pueden apenas estar enteramente engañados con semejantes construcciones, cuya fragilidad, hoy día más que nunca, conocen demasiado bien; no solo se «usan» rápidamente, sino que, desde su comienzo, aquellos mismos que las edifican no creen en ellas más que en una cierta medida, sin duda bastante limitada, y a título en cierto modo «provisorio»; y, muy frecuentemente, parecen considerarlas incluso menos como verdaderas tentativas de explicación que como simples «representaciones» y como «maneras de hablar»; es todo lo que son en efecto, y hemos visto que Leibnitz había mostrado ya que el mecanicismo cartesiano no podía ser otra cosa que una «representación» de las apariencias exteriores, desprovisto de todo valor propiamente explicativo.

ERDLC. 31-3 bis

ERDLC. 31-3 bis

Mitología científica y vulgarización

Puesto que hemos sido conducidos a hacer alusión a las «supervivencias» que dejan en la mentalidad común, teorías en las que los sabios mismos ya no creen, y que aún así no continúan ejerciendo menos su influencia sobre la actitud de la generalidad de los hombres, será bueno insistir un poco más en ello, ya que en eso hay algo que puede contribuir también a explicar algunos aspectos de la época actual. A este respecto, conviene recordar primero que uno de los principales caracteres de la ciencia profana, cuando deja el dominio de la simple observación de los hechos y quiere intentar sacar alguna cosa de la acumulación indefinida de detalles particulares que es su único resultado inmediato, es la edificación más o menos laboriosa de teorías puramente hipotéticas, y que necesariamente no pueden ser nada más, dado su punto de partida completamente empírico, ya que los hechos, que en sí mismos son siempre susceptibles de explicaciones diversas, no han podido y no podrán garantizar nunca la verdad de ninguna teoría, y, como lo hemos dicho más atrás, su mayor o menor multiplicidad no supone nada a este respecto; así tales hipótesis, en el fondo, están mucho menos inspiradas por las constataciones de la experiencia que por algunas ideas preconcebidas y por algunas de las tendencias predominantes de la mentalidad moderna. Por lo demás, se sabe con qué rapidez siempre creciente esas hipótesis, en nuestra época, son abandonadas y reemplazadas por otras, y estos cambios continuos bastan muy evidentemente para mostrar su poca solidez y la imposibilidad de reconocerles un valor en tanto que conocimiento real; es así como toman cada vez más, en el pensamiento de los sabios mismos, un carácter convencional, y por consiguiente irreal, y en eso también podemos observar un síntoma del encaminamiento hacia la disolución final. En efecto, esos sabios, y concretamente los físicos, no pueden apenas estar enteramente engañados con semejantes construcciones, cuya fragilidad, hoy día más que nunca, conocen demasiado bien; no solo se «usan» rápidamente, sino que, desde su comienzo, aquellos mismos que las edifican no creen en ellas más que en una cierta medida, sin duda bastante limitada, y a título en cierto modo «provisorio»; y, muy frecuentemente, parecen considerarlas incluso menos como verdaderas tentativas de explicación que como simples «representaciones» y como «maneras de hablar»; es todo lo que son en efecto, y hemos visto que Leibnitz había mostrado ya que el mecanicismo cartesiano no podía ser otra cosa que una «representación» de las apariencias exteriores, desprovisto de todo valor propiamente explicativo.