
La concepción «fluídica» sobrevivió en la mentalidad general, si no en las teorías de los físicos, al menos hasta la mitad del siglo XIX (se continuó incluso mucho más tiempo empleando comúnmente expresiones como la de «fluido eléctrico», pero de una manera más bien maquinal y sin vincularles ya una representación precisa); el espiritismo, que vio la luz en aquella época, la heredó tanto más naturalmente cuanto que estaba predispuesto a ello por su conexión original con el magnetismo, conexión que es incluso mucho más estrecha de lo que se supondría a primera vista, ya que es muy probable que el espiritismo no hubiera podido tomar nunca un desarrollo tan enorme sin las divagaciones de los sonámbulos, y ya que es la existencia de los «sujetos» magnéticos la que preparó e hizo posible la de los «médiums» espiritistas. Hoy día todavía, la mayor parte de los magnetizadores y de los espiritistas continúan hablando de «fluidos» y, lo que es más, creyendo seriamente en ellos; este «anacronismo» es tanto más curioso cuanto que todas esas gentes, en general, son partidarios fanáticos del «progreso», lo que concuerda mal con una concepción que, excluida desde hace tanto tiempo del dominio científico, debería, a sus ojos, aparecer muy «retrograda». En la «mitología» actual, los «fluidos» han sido reemplazados por las «ondas» y las «radiaciones»; éstas, bien entendido, no dejan por ello de jugar a su vez el mismo papel en las teorías inventadas más recientemente para intentar explicar la acción de ciertas influencias sutiles; nos bastará mencionar la «radiestesia», que es tan «representativa» como es posible a este respecto. No hay que decir que, si no se tratara en eso más que de simples imágenes, de comparaciones fundadas sobre una cierta analogía (y no de una identidad) con los fenómenos de orden sensible, la cosa no tendría inconvenientes muy graves, y podría incluso justificarse hasta un cierto punto; pero ello no es así, y es muy literalmente como los «radiestesistas» creen que las influencias psíquicas de las que se ocupan son «ondas» o «radiaciones» que se propagan en el espacio de una manera tan «corporal» como sea posible imaginarla; el «pensamiento» mismo, por lo demás, no escapa a ese modo de representación. Así pues, es siempre la misma «materialización» la que continua afirmándose bajo una forma nueva, quizás más insidiosa que la de los «fluidos» porque puede parecer menos grosera, aunque, en el fondo, todo eso sea exactamente del mismo orden y no haga en suma más que expresar las limitaciones mismas que son inherentes a la mentalidad moderna, es decir, su incapacidad para concebir nada fuera del dominio de la imaginación sensible .
1 comentario
Raquel -
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Gracias