
Este estado de cosas ha comenzado desde que el estudio y el manejo de ciertas influencias psíquicas han caído, si uno puede expresarse así, en el dominio profano, lo que marca en cierto modo el comienzo de la fase más propiamente «disolvente» de la desviación moderna; y se le puede en suma hacer remontar hasta el siglo XVIII, de suerte que se encuentra que es exactamente contemporáneo del materialismo mismo, lo que muestra en efecto que estas dos cosas, contrarias solo en apariencia, debían acompañarse de hecho; no parece que hechos similares se hayan producido anteriormente, sin duda porque la desviación todavía no había alcanzado el grado de desarrollo que debía hacerlos posibles. El rasgo principal de la «mitología» científica de aquella época, es la concepción de los «fluidos» diversos bajo la forma de los cuales se representaba entonces todas las fuerzas psíquicas; y es precisamente esta concepción la que fue transportada del orden corporal al orden sutil con la teoría del «magnetismo animal»; si uno se remite a la idea de la «solidificación» del mundo, se dirá quizás que un «fluido» es, por definición, lo opuesto de un «sólido», pero por ello no es menos verdad que, en este caso, juega exactamente el mismo papel, puesto que esta concepción tiene por efecto el de «corporizar» cosas que dependen en realidad de la manifestación sutil. Los magnetizadores fueron en cierto modo los precursores directos del «neoespiritualismo», si no incluso sus primeros representantes; sus teorías y sus prácticas influenciaron en una medida más o menos amplia a todas las escuelas que tomaron nacimiento después, ya sea que fueran abiertamente profanas como el espiritismo, o ya sea que hayan tenido pretensiones «pseudoiniciáticas» como las múltiples variedades del ocultismo. Esta influencia persistente es incluso tanto más extraña cuanto que parece completamente desproporcionada con la importancia de los fenómenos psíquicos, en suma muy elementales, que constituyen el campo de experiencias del magnetismo; pero lo que es quizás todavía más llamativo, es el papel que jugó ese mismo magnetismo, desde su aparición, para desviar de todo trabajo serio a organizaciones iniciáticas que habían conservado todavía hasta entonces, si no un conocimiento efectivo que llegara muy lejos, al menos la consciencia de lo que habían perdido a este respecto y la voluntad de esforzarse en recuperarlo; y es permisible pensar que no es esa la menor de las razones por las cuales el magnetismo fue «lanzado» en el momento requerido, incluso si, como ocurre casi siempre en parecido caso, sus promotores aparentes no fueron en eso más que instrumentos más o menos inconscientes.
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