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13M (2)

13M (2)

El programa del Expreso de aquella noche iba a ser aparentemente normal, dedicado a las paranoias que últimamente tratábamos: las crisis petrolíferas y el mundo de las flores (¿sería propaganda subliminal pro-PSOE hablar sobre las rosas?). Con todo, estábamos alertas por si había noticias o llamadas “intempestivas”. A esas horas (22 h) en algunas ciudades españolas habían aparecido no se sabe cómo (seguramente por citaciones vía Internet y mensajes de teléfono móvil) unas concentraciones salidas de la nada, como quien dice.
No tenía información de quiénes las convocaban ni si había también en Z, pero cuando llegué a la emisora los del programa anterior me comentaron que se estaba juntando un buen montón de gente en el centro de la ciudad, y que se dirigían a la sede del PP, se supone que con fines pacíficos.
Estuve esperando como 10 minutos a ver si llamaba alguien, por si tenía que hacer un especial sobre la actualidad al rojo vivo. Estuve poniendo música dedicada a los damnificados por el atentado, pero como no llamó nadie simplemente hice un comentario breve sobre la situación, quejándome sobre la censura informativa y refiriéndome a las concentraciones.
El programa siguió normalmente, si es que algo en aquella noche del 13M era normal. Me sentía como los periodistas que el 23F cubrieron el golpe de Tejero, estaba a la espera, podía pasar cualquier cosa...
El programa terminó más tarde de lo habitual, por si acaso había más sorpresas. Casi eramedianoche cuando volví a casa. Había estado dudando entre acudir por mi cuenta a las concentraciones que todavía podían continuar, hacer guardia en la radio junto a los colegas del programa anterior (sospechosamente enrocados en el local, je) o regresar a casa. Decidí lo último porque al día siguiente tenía que madrugar para ir al colegio electoral.
Cuando llegué a casa me acosté pero no tenía sueño.
Se me ocurrió que igual no había elecciones al día siguiente, y me despertaba la radio despertador con la noticia de que se habían suspendido “sine die”, o incluso que se había decretado el estado de sitio por la “violencia contra la democracia” que suponía la libre expresión del cabreo difuso de unos cuantos españoles saturados por las mentiras oficiales, que habían “sitiado” las sedes del partido régimen. Vista la prepotencia y la torpeza del gobierno de Aznar, todo era posible, incluso llegué a pensar que iba a ordenar el cierre de los medios “desleales” con el golpismo mediático.
Puse la radio y me enteré de los llamamientos histéricos del gobierno al “orden” y declarando ilegales a los manifestantes, como si ellos no hubiesen hecho trapacerías antes. También me enteré de que habían acabado destapando el “fregado”: la hipótesis electoralista del bombazo etarra se derrumbaba a ojos vista.
Estuve un buen rato en Internet, había saturación por la avalancha de gente que buscaba información o enviaba mensajes.
Me indicaron en no me acuerdo dónde que había una página con información alternativa que estaba dando mucha caña al gobierno. Pero cuando intenté conectar con ella no salía. Luego resultó que le habían metido un virus o algo así para que nadie pudiese consultarla. La página en cuestión era www.lahaine.org, si no recuerdo mal. Estaban intentando amordazar a la disidencia virtual, aquello era grave. Pero en Internet hay muchas páginas y sólo cortando la luz podrían callar “la rebelión de las máquinas”.
Me eché tarde un poco intranquilo. Aquello se le podía ir de las manos al gobierno, aunque de todos modos se me ocurrió que si habían autodestruido su mentira oficial admitiendo la pista árabe del atentado, ya no intentarían ninguna trampa más.

13 M

13 M

13 DE MARZO DE 2004
LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS
¡Qué noche aquella!

El 11M había golpeado a todo el mundo, y los rentistas del victimismo comenzaron a sacar plusvalías políticas del cruel atentado contra gente de la calle, de clase media y baja, españoles e inmigrantes, hombre y mujeres, niños y mayores.
La sensación de dolor del jueves fue dando paso a un enfado difuso el viernes, y a la irritación abierta el sábado 13.
El viernes por la noche hubo quien no fue a las manifestaciones por respeto a las víctimas, aunque suene paradójico. Algunos no quisimos participar en la defensa carroñera y electoralista de la “Constitución”, aunque eso nos costase incomprensión. Hubo otros que sí fueron, pero se atrevieron a cantarles las 40 al partido-régimen (vgr los incidentes de Barcelona) aquel viernes del ritual del terrorismo con rédito electoral.
Para mayor sorpresa, en una manifestación de la tele vi a miembros de la Familia Real en la cabecera con la pancarta. ¿Gente de sangre azul en una manifestación? La cosa debía de ser grave. Intuí una crisis institucional en ciernes: en el ajedrez cuando el rey se mueve es que hay peligro.
El sábado el malestar fue creciendo, al menos en mi caso. Después de volver del trabajo, me enteré del “incidente” del policía que había matado a un tendero por un cartel. Los medios trataban de tapar un hecho gravísimo con la lamentable excusa de que el asesinado era amiguete de Diabluna y su hijo un proetarra: como si eso justificase que un agente del orden se tomase la (in)justicia por su mano.
Para mayor INRI, en el trabajo me habían dicho que Rajoy daba una entrevista en EL INMUNDO pidiendo mayoría absoluta para salvar España y todo eso. ¿Eso era legal en jornada de reflexión electoral? (ellos que tanto defienden el orden se lo estaban cargando).
La depresión se tornaba ansiedad y enfado difuso. Casi perdí el apetito mientras oía las noticias a la hora de comer. La censura y el trapicheo entre bambalinas me empezaba a dar repugnancia física aparte de moral.
Las noticias me sentaron fatal y estuve gran parte de la tarde recopilando información en Internet para radiarla en el programa de RLG (emisora del barrio) por la noche, si seguía la manipulación informativa. En la Red algunos hablaban incluso de “golpe de estado mediático”. La prensa era demasiado dócil con las “hipótesis” oficiales, incluso para lo que venía siendo habitual en este bendito país.
Al atardecer, la cadena PSOER le vio las orejas al lobo del fracaso electoral de ZP y la perspectiva de aguantar otros 4 años con Urdaci de engañista Mayor del Reino, y probablemente por eso se animó a “cantar”. Cuando me iba a la emisora a eso de las diez, las mentiras gubernamentales se derrumbaban a ojos vista, mientras las televisiones y emisoras afines al PP seguían en sus 13. La realidad en la calle y en la Red era muy diferente. Estábamos en una especie de esquizofrenia social: la vox populi era una cosa y la realidad virtual de NO DO era muy otra. Aquella tarde-noche del 13M llegué a pensar que un régimen parlamentario corrompido y una dictadura se diferencian poco en el fondo: estábamos viviendo una censura y propaganda casi peor que en una dictadura, porque al menos con los dictadores ya sabemos a qué atenernos, y en la “democracia” parece haber más libertad aparente para autoengañarnos...
Como el grupo PRISA estaba ya moviendo sus peones, desistí de dedicar un monográfico del Expreso a la contrainformación. Por cierto, que aquí vale el dicho de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, dado que el grupo PRISA tampoco es trigo limpio: EL PAIS había apoyado la versión oficial el jueves sin fisuras y la SER (Psoer) se había limitado hasta el sábado de tardes a dar con cuentagotas guiños de duda para los oyentes más inteligentes, como diciendo “pst, que no estamos diciéndolo todo, pero te lo puedes imaginar”.

El reino de la cantidad. -fine-

El reino de la cantidad. -fine-

Se encuentra como un último eco en la filosofía moderna (en cuanto a la fecha al menos, pero, a decir verdad, en reacción contra las ideas específicamente modernas), en Leibnitz, cuando dice que, «mientras Dios calcula y ejerce su cogitación (es decir, establece planes), el mundo se hace» (dum Deus calculat et cogitationem exercet, fit mundus); pero, para los antiguos, había en eso un sentido mucho más preciso, ya que, en la tradición griega, el «Dios geómetra» era propiamente el Apolo hiperbóreo, lo que nos conduce también al simbolismo «solar», y al mismo tiempo a una derivación bastante directa de la tradición primordial; pero eso es otra cuestión, que no podríamos desarrollar aquí sin salir enteramente de nuestro tema, y debemos contentarnos con dar, a medida que se presente la ocasión de ello, algunas apercepciones de estos conocimientos tradicionales tan completamente olvidados por nuestros contemporáneos .

La que se ha armado

La que se ha armado

Vaya lo que ha pasado en estos días. Estoy con una sensación de melancolía y alivio a la vez. Cuando expresaba mis dudas sobre la versión primera dada por el gobierno, me esperaba algo peor de lo que ha sucedido. El sábado por la noche me contaron que había gente merodeando en grupos alrededor de las sedes del PP, y ya me preparé para lo peor. Lo mismo cuando me enteré de la noticia del asesinato del panadero en Pamplona por un policía fuera de servicio (...).
Llegué a pensar no sé en algo tremendo, en golpes de estado o hasta guerras civiles, que a lo mejor era lo que pretendían lso terroristas, más allá de fastidiar al gobierno (que en parte se ha hundido por sí mismo, todo hay que decirlo).
Respiremos aliviados, nos guste o no el nuevo presidente español: hemos pasado ya los momentos más delicados de esta crisis de los atentados.
Gracias a Dios...

En momentos así...también palabras sabias

En momentos así...también palabras sabias

Como lo habíamos previsto, aquí estamos muy lejos de la materia prima, que en efecto, en su «indistinción» absoluta, no puede ser medida de ninguna manera ni servir para medir nada; pero debemos preguntarnos si esta noción de la medida no se liga más o menos estrechamente a lo que constituye la materia secunda de nuestro mundo, y, efectivamente, este lazo existe por el hecho de que ésta es signata quantitate. En efecto, si la medida concierne directamente a la extensión y a lo que está contenido en ella, es por el aspecto cuantitativo de esta extensión como la medida se hace posible; pero la cantidad continua no es, como lo hemos explicado, más que un modo derivado de la cantidad, es decir, que no es propiamente cantidad más que por su participación en la cantidad pura, que, ella sí es inherente a la materia secunda del mundo corporal; y, agregaremos, es porque lo continuo no es la cantidad pura por lo que la medida presenta siempre una cierta imperfección en su expresión numérica, ya que la discontinuidad del número hace imposible su aplicación adecuada a la determinación de las magnitudes continuas. En efecto, el número es verdaderamente la base de toda medida, pero, en tanto que no se considera más que el número, no se puede hablar de medida, puesto que ésta es la aplicación del número a alguna otra cosa, aplicación que es siempre posible, en ciertos límites, es decir, teniendo en cuenta la «inadecuación» que acabamos de indicar, para todo lo que está sometido a la condición cuantitativa, o, en otros términos, para todo lo que pertenece al dominio de la manifestación corporal. Solamente, y aquí volvemos a la idea expresada por A. Coomaraswamy, es menester tener cuidado de que, en realidad, y a pesar de algunos abusos del lenguaje ordinario, la cantidad no es lo que se mide, sino, antes al contrario, aquello por lo que las cosas son medidas; y, además, se puede decir que la medida es, en relación al número, en sentido inversamente analógico, lo que es la manifestación en relación a su principio esencial.
Ahora, entiéndase bien que, para extender la idea de la medida más allá del mundo corporal, es necesario transponerla analógicamente: puesto que el espacio es el lugar de la manifestación de las posibilidades de orden corporal, uno podrá servirse de él para representar todo el dominio de la manifestación universal, que de otro modo no sería «representable»; y así, la idea de medida, aplicada a éste, pertenece esencialmente a este simbolismo espacial del que tenemos que señalar ejemplos tan frecuentemente. En el fondo, la medida es entonces una «asignación» o una «determinación», implicada necesariamente por toda manifestación, en cualquier orden y bajo cualquier modo que sea; esta determinación es naturalmente conforme a las condiciones de cada estado de existencia, e incluso, en un cierto sentido, se identifica a esas condiciones mismas; ella no es verdaderamente cuantitativa más que en nuestro mundo, puesto que la cantidad no es en definitiva, así como el espacio y el tiempo, más que una de las condiciones especiales de la existencia corporal. Pero, en todos los mundos, hay una determinación que puede ser simbolizada para nosotros por esta determinación cuantitativa que es la medida, puesto que ella es lo que se le corresponde en ellos teniendo en cuenta la diferencia de las condiciones; y se puede decir que es por esta determinación como esos mundos, con todo lo que contienen, son realizados o «actualizados» como tales, puesto que ella no forma más que uno con el proceso mismo de la manifestación

¿Manipulados?

¿Manipulados?

Ayer crei como tantos otros que los autores de la salvajada de los trenes habían sido los de siempre, pero hoy parece que no es tan seguro y podemos tener por desgracia otros "competidores" en el torneo de la masacre. No sé queé pensar: ¿nha sido un lapsus por la confusión o estamos manipulados por turbios intereses?

(sigue)

(sigue)

Otra cuestión se plantea todavía: la cantidad se presenta a nosotros bajo modos diversos, y, concretamente, hay la cantidad discontinua, que es propiamente el número , y la cantidad continua, que es representada principalmente por las magnitudes espacial y temporal; ¿cuál es, entre estos modos, el que constituye más precisamente lo que se puede llamar la cantidad pura? Esta cuestión tiene también su importancia, tanto más cuanto que Descartes, que se encuentra en el punto de partida de una buena parte de las concepciones filosóficas y científicas específicamente modernas, ha querido definir la materia por la extensión, y hacer de esta definición misma el principio de una física cuantitativa que, si no era todavía «materialismo», era al menos «mecanicismo»; se podría estar tentado de concluir de eso que es la extensión la que, al ser directamente inherente a la materia, representa el modo fundamental de la cantidad. Por el contrario, Santo Tomás de Aquino, al decir que «numerus stat ex parte materiæ», parece sugerir más bien que es el número el que constituye la base substancial de este mundo, y que es él, por consiguiente, el que debe considerarse verdaderamente como la cantidad pura; este carácter «básico» del número concuerda perfectamente con el hecho de que, en la doctrina pitagórica, es el número el que, por analogía inversa, se toma como símbolo de los principios esenciales de las cosas. Por lo demás, es menester destacar que la materia de Descartes ya no es la materia secunda de los escolásticos, sino que es ya un ejemplo, y quizás el primero en fecha, de una «materia» de físico moderno, aunque Descartes no haya puesto todavía en esta noción todo lo que sus sucesores debían introducir en ella poco a poco para llegar a sus teorías más recientes sobre la «constitución de la materia». Hay pues lugar a sospechar que, en la definición cartesiana de la materia, puede haber algún error o alguna confusión, y que ya ha debido deslizarse en ella, quizás sin saberlo su autor, un elemento que no es de orden puramente cuantitativo; y en efecto, como lo veremos después, la extensión, aunque tiene evidentemente un carácter cuantitativo, como todo lo que pertenece al mundo sensible, no obstante no podría ser mirada como pura cantidad. Además, se puede destacar también que las teorías que van más lejos en el sentido de la reducción a lo cuantitativo son generalmente «atomistas», bajo una forma o bajo otra, es decir, que introducen en su noción de materia una discontinuidad que la aproxima mucho más a la naturaleza del número que a la de la extensión; e incluso el hecho de que la materia corporal no pueda ser concebida a pesar de todo de otro modo que como extensión no es para todo «atomista» más que una fuente de contradicciones. Otra causa de confusión en todo eso, y sobre la cual tendremos que volver, es el hábito que se ha tomado de considerar «cuerpo» y «materia» casi como sinónimos; en realidad, los cuerpos no son de ninguna manera la materia secunda, que no se encuentra en ninguna parte en las existencias manifestadas en este mundo, sino que proceden de ella solo como de su principio substancial.

Palabras sabias

Palabras sabias

los físicos modernos, en su esfuerzo por reducir la cualidad a la cantidad, han llegado, por una suerte de «lógica del error», a confundir la una y la otra, y por consiguiente a atribuir la cualidad misma a su «materia» como tal, en la que acaban por colocar así toda la realidad, o al menos todo lo que ellos son capaces de reconocer como realidad, lo que constituye el «materialismo» propiamente dicho.
La materia secunda de nuestro mundo no debe estar desprovista no obstante de toda determinación, ya que, si lo estuviera, se confundiría con la materia prima misma en su completa «indistinción»; y, por otra parte, no puede ser una materia secunda cualquiera, sino que debe estar determinada de acuerdo con las condiciones especiales de este mundo, y de tal manera que sea efectivamente en relación a éste, y no en relación a ningún otro, apta para desempeñar el papel de substancia. Así pues, es menester precisar la naturaleza de esta determinación, y es lo que hace Santo Tomás de Aquino al definir esta materia secunda como materia signata quantitate; lo que le es inherente y le hace ser lo que ella es no es pues la cualidad, considerada incluso únicamente en el orden sensible, sino que es, al contrario, la cantidad, que es así ex parte materiae. La cantidad es una de las condiciones mismas de la existencia en el mundo sensible o corporal; ella es incluso, entre estas condiciones, una de las que son más exclusivamente propias a éste, y así, como podía esperarse, la definición de la materia secunda en cuestión no puede concernir a otra cosa que a este mundo, pero, le concierne toda entera, ya que todo lo que existe en él está necesariamente sometido a la cantidad; está definición es pues plenamente suficiente, sin que haya lugar a atribuir a esta materia secunda, como se ha hecho para la «materia» moderna, unas propiedades que no pueden pertenecerle de ninguna manera en realidad. Se puede decir que la cantidad, al constituir propiamente el lado substancial de nuestro mundo, es por así decir su condición «básica» o fundamental; pero es menester guardarse bien de darle por eso una importancia de otro orden que la que tiene realmente, y sobre todo querer sacar de ella la explicación de este mundo, del mismo modo que es menester guardarse de confundir el fundamento de un edificio con su cima: mientras no hay más que el fundamento, no hay todavía edificio, aunque este fundamento le sea indispensable, e igualmente, mientras no hay más que la cantidad, no hay todavía manifestación sensible, aunque ésta tenga en ella su raíz misma. La cantidad, reducida a sí misma, no es más que una «presuposición» necesaria, pero que no explica nada; es efectivamente una base, pero no es nada más, y no debe olvidarse que la base, por definición misma, es lo que está situado en el nivel más inferior; así, la reducción de la cualidad a la cantidad no es otra cosa en el fondo que esa «reducción de lo superior a lo inferior» por lo que algunos han querido caracterizar muy justamente el materialismo: ¡Pretender hacer salir lo «más» de lo «menos», he ahí, en efecto, una de las más típicas de todas las aberraciones modernas!

11/03/04

11/03/04

11/03/04

En estos momentos de dolor, nos unimos a la solidaridad con los madrileños y deploramos
el acto terrorista perpetrado en Madrid hoy.

(sigue)

(sigue)

cuando Santo Tomás de Aquino dice que «numerus stat ex parte materiæ», es efectivamente del número cuantitativo de lo que se trata, y con eso afirma precisamente que la cantidad tiende inmediatamente al lado substancial de la manifestación; decimos substancial, ya que materia, en el sentido escolástico, no es la «materia» tal como la entienden los físicos modernos, sino la substancia, ya sea en su acepción relativa cuando es puesta en correlación con forma y referida a los seres particulares, ya sea también, cuando se trata de materia prima, como el principio pasivo de la manifestación universal, es decir, la potencialidad pura, que es el equivalente de Prakriti en la doctrina hindú. No obstante, desde que se trata de «materia», en cualquier sentido que se quiera entender, todo deviene particularmente obscuro y confuso, y sin duda no sin razón ; así, mientras que hemos podido mostrar suficientemente la relación de la cualidad con la esencia sin entrar en largos desarrollos, deberemos extendernos más sobre lo que concierne a la relación de la cantidad con la substancia, ya que nos es menester primero llegar a elucidar los diferentes aspectos bajo los cuales se presenta lo que los Occidentales han llamado «materia», incluso antes de la desviación moderna donde esta palabra estaba destinada a desempeñar un papel tan grande; y, por lo demás, eso es tanto más necesario cuanto que esta cuestión se encuentra en cierto modo en la raíz misma del tema principal de nuestro estudio.

Sabias palabras

Sabias palabras

Quizás se podría objetar a eso que Aristóteles coloca la cualidad, así como la cantidad, entre las «categorías», que no son más que modos especiales del ser y que no le son coextensivas; pero es que entonces no efectúa la transposición de que acabamos de hablar, y es que, por otra parte, no tiene que hacerlo, puesto que la enumeración de las «categorías» no se refiere más que a nuestro mundo y a sus condiciones, de suerte que la cualidad no puede y no debe tomarse realmente en él más que en el sentido, más inmediato para nosotros en nuestro estado individual, en el que ella se presenta, así como lo hemos dicho desde el comienzo, como un correlativo de la cantidad.
Por otra parte, es interesante destacar que la «forma» de los escolásticos es lo que Aristóteles llama gÉ*@l, y que esta última palabra se emplea igualmente para designar la «especie», la cual es propiamente una naturaleza o una esencia común a una multitud indefinida de individuos; ahora bien, esta naturaleza es de orden puramente cualitativo, ya que es verdaderamente «innumerable», en el sentido estricto de esta palabra, es decir, independiente de la cantidad, puesto que es indivisible y ésta toda entera en cada uno de los individuos que pertenecen a esa especie, de tal suerte que no es afectada o modificada de ninguna manera por el número de éstos, y que tampoco es susceptible de «más» o de «menos». Además, gÉ*@l es etimológicamente la «idea», no en el sentido psicológico de los modernos, sino en un sentido ontológico más próximo del de Platón de lo que se piensa ordinariamente, ya que, cualesquiera que sean las diferencias que existen realmente a este respecto entre la concepción de Platón y la de Aristóteles, estas diferencias, como ocurre frecuentemente, han sido enormemente exageradas por sus discípulos y sus comentadores. Las ideas platónicas son también esencias; Platón muestra sobre todo su aspecto transcendente y Aristóteles su aspecto inmanente, lo que no se excluye forzosamente, digan lo que digan de ello los espíritus «sistemáticos», sino que se refiere solo a niveles diferentes; en todo caso, en eso se trata siempre de los «arquetipos» o de los principios esenciales de las cosas, que representan lo que se podría llamar el lado cualitativo de la manifestación. Además, éstas mismas ideas platónicas son, bajo otro nombre, y por una filiación directa, la misma cosa que los números pitagóricos; y eso muestra bien que esos mismos números pitagóricos, así como ya lo hemos indicado precedentemente, aunque se les llama números analógicamente, no son en modo alguno los números en el sentido cuantitativo y ordinario de esta palabra, sino que, antes al contrario, son puramente cualitativos, y corresponden inversamente, del lado de la esencia, a lo que son los números cuantitativos del lado de la substancia.

Palabras sabias

Palabras sabias

Entendidas en este sentido relativo, y sobre todo en relación a los seres particulares, la esencia y la substancia son en suma la misma cosa que lo que los filósofos escolásticos han llamado «forma» y «materia»; pero preferimos evitar el empleo de éstos últimos términos, que, a consecuencia sin duda de una imperfección de la lengua latina a este respecto, no traducen sino muy inexactamente las ideas que deben expresar , y que han devenido todavía mucho más equívocas en razón del sentido completamente diferente que las mismas palabras han recibido comúnmente en el lenguaje moderno. Sea como sea, decir que todo ser manifestado es un compuesto de «forma» y de «materia» equivale a decir que su existencia procede necesariamente a la vez de la esencia y de la substancia, y, por consiguiente, que hay en él algo que corresponde a cada uno de éstos dos principios, de tal suerte que él es como una resultante de su unión, o, para hablar más precisamente, de la acción ejercida por el principio activo o la esencia sobre el principio pasivo o la substancia; y, en la aplicación que se hace de ellos más especialmente en el caso de los seres individuales, esta «forma» y esta «materia» que los constituyen son respectivamente idénticas a lo que la tradición hindú designa como nâma y rûpa. Ya que estamos señalando estas concordancias entre diferentes terminologías, que pueden tener la ventaja de permitir a algunos transponer nuestras explicaciones a un lenguaje al que están más habituados, y por consiguiente comprenderlas más fácilmente, agregaremos también que lo que se llama «acto» y «potencia», en el sentido aristotélico, corresponde igualmente a la esencia y a la substancia; por lo demás, éstos dos términos son susceptibles de una aplicación más extensa que los de «forma» y de «materia»; pero, en el fondo, decir que hay en todo ser una mezcla de acto y de potencia equivale también a lo mismo, ya que el acto es en él aquello por lo que participa en la esencia, y la potencia aquello por lo que participa en la substancia; el acto puro y la potencia pura no podrían encontrarse en parte ninguna en la manifestación, puesto que, en definitiva, son los equivalentes de la esencia y de la substancia universales.
Bien comprendido eso, podemos hablar de la esencia y de la substancia de nuestro mundo, es decir del que es el dominio del ser individual humano, y diremos que, conformemente a las condiciones que definen propiamente este mundo, estos dos principios aparecen en él respectivamente bajo los aspectos de la cualidad y de la cantidad. Eso puede ya parecer evidente en lo que concierne a la cualidad, puesto que la esencia es en suma la síntesis principial de todos los atributos que pertenecen a un ser y que hacen que este ser sea lo que es, y puesto que atributos o cualidades son en el fondo sinónimos; y se puede destacar que la cualidad, considerada así como el contenido de la esencia, si es permisible expresarse así, no está restringida exclusivamente a nuestro mundo, sino que es susceptible de una transposición que universaliza su significación, lo que, por lo demás, no tiene nada de sorprendente desde que ella representa aquí el principio superior; pero, en una tal universalización, la cualidad cesa de ser el correlativo de la cantidad, ya que ésta, por el contrario, está estrictamente ligada a las condiciones especiales de nuestro mundo; por lo demás, desde el punto de vista teológico, ¿no se refiere de algún modo la cualidad a Dios mismo al hablar de sus atributos, mientras que sería manifiestamente inconcebible pretender transportar del mismo modo a Él unas determinaciones cuantitativas cualesquiera? .

El bokcrossing

El bokcrossing

Dicho en cristiano, es una afición tan divertida o tan absurda como cualquier otra, según como se vea. Uno la llevba practicando ya unos meses y hay de todo, decepciones, alegrías, y la posibilidad de compartir las opiniones sobre la lectura de diversos libros. La lectura ha dejado de ser un acto tan onanista e individual, al poder dejar los libros sueltos o enviarlos a otros "liberalibros" por correo.

http://www.bookcrossing.com

Libera libros españoles

Sabias palabras.

Sabias palabras.

Cualidad y Cantidad

La cualidad y la cantidad se consideran bastante generalmente como dos términos complementarios, aunque sin duda se esté frecuentemente lejos de comprender la razón profunda de esta relación; esta razón reside en la correspondencia que hemos indicado en último lugar en lo que precede. Así pues, es menester partir aquí de la primera de todas las dualidades cósmicas, de la que está al principio mismo de la existencia o de la manifestación universal, y sin la cual ninguna manifestación sería posible, bajo cualquier modo que sea; esta dualidad es la de Purusha y Prakriti según la doctrina hindú, o, para emplear otra terminología, la de la «esencia» y la «substancia». Éstas deben considerarse como principios universales, puesto que son los dos polos de toda manifestación; pero, a otro nivel, o más bien a otros niveles múltiples, como los dominios más o menos particularizados que se pueden considerar en el interior de la existencia universal, se pueden emplear también analógicamente éstos mismos términos en un sentido relativo, para designar lo que corresponde a éstos principios o lo que los representa más directamente en relación a un cierto modo más o menos restringido de la manifestación. Es así como se podrá hablar de esencia y de substancia, ya sea para un mundo, es decir, para un estado de existencia determinado por algunas condiciones especiales, ya sea para un ser considerado en particular, o incluso para cada uno de los estados de este ser, es decir, para su manifestación en cada uno de los grados de la existencia; en este último caso, la esencia y la substancia son naturalmente la correspondencia microcósmica de lo que ellas son, desde el punto de vista macrocósmico, para el mundo en el que se sitúa esta manifestación, o, en otros términos, no son más que particularizaciones de los mismos principios relativos, que, ellos mismos, son las determinaciones de la esencia y de la substancia universales en relación a las condiciones del mundo de que se trata.

Leo Bassi dio la nota

Leo Bassi dio la nota

Vaya con el tremendo cómico italiano. Mira qué presentarse en un mitín del PP y ponerse a chillar con el megáfono...Eso no se hace. Aquí siempre tienen que gritar los mismos, los que tienen que hacerlo. No tienen que venir italianos a dar la nota, si acaso a apoyar a la reserva espiritual de Occidente como en los tiempos aquellos del Caudillo.
Hablando del susodicho, el tal Leo Bassi también hizo un viaje previo al Valle de los Caídos, donde dejó en la puerta del monumento funerario una foto de Franco con Sadam Husein (¡horror!).

Asistimos hoy en el arte a una búsqueda frenética de la originalidad en la pintura por ejemplo, mientras que paralelamente la arquitectura de las viviendas de protección oficial y otros edificios populares renuncia y dimite, haciendo de la ciudad un universo de ratoneras, en el mismo momento en que, súbitamente, la juventud toma conciencia de que el ser humano no puede vivir como los conejos.
¿No tendrá que ver esto con la formación de los arquitectos clásicos? Los arquitectos de hace varios siglos, y tras ellos los actuales, consideran los problemas desde el exterior: el efecto producido, el alineamiento regular de los edificios, los frontones, los adornos a la antigua...A nadie se le ocurría, en Francia, sobre todo, empezar por examinar las necesidades de los usuarios.
En una época en que se realizaban progresos decisivos en las técnicas de construcción, no estaba lejos el momento en que se iba a comprender que se podía prescindir del arquitecto, que los problemas esenciales del edificio son los del ingeniero: resistencia de los materiales, canalizaciones, escapa, disposiciones interiores, etc.
Pero las primeras grandes realizaciones de una arquitectura realmente moderna han visto la luz lejos de Francia (y de España) en Finlandia (Saarinen), en EE.UU. (F.L. Wright). Es en Francia donde los cánones de la arquitectura clásica han pesado más tiempo en la formación del arquitecto. El único que innovó fue Le Corbusier, cuyo origen no era francés ni había pasado por la escuela de Bellas Artes.
El modo en que se intenta dar un lugar al arquitecto es totalmente artificial (...) las elucubraciones a que se entregan algunos apenas son más que costosas fantasías. (....) ¿No habrá consistido el drama en haber querido ante todo la estética? No se puede objetar la belleza de los palacetes y palacios de los siglos XVII y XVIII, por no hablar de Versalles. Pertenecen a una época con otras concepciones de lo bello, indican el gusto por el fasto y, más aún, unas habilidades en los constructores que se han ido agotando con el tiempo. (...)
En el siglo XIX se mezcló el arte con el lujo. El inefable Thiers, al hacer la apología del burgués, no dejaba de destacar que el rico era el que hacía nacer la obra de arte con su munificencia. Toda la concepción clásica le daba la razón, pero no podía darse cuenta de la diferencia entre el arte y el objeto de arte, y el resultado era su colección personal, espantosa mezcolanza de yesos antiguos y copias de premios de Roma en un marco de Estilo Luis Felipe.
En la misma época, aquellos en quienes vivía un verdadero fervor artístico se veían rechazados por una sociedad que era ya incapaz de discernir la calidad artística fuera del academicismo. De ahí el fenómeno tan típico del siglo XIX y principios del XX del “artista maldito” (mito que en gran parte está basado en la realidad). Los artistas mártires: suicidios, Van Gogh con la oreja cortada, miseria, locura...Artesanos de una revolución pictórica que nos liberaba del clasicismo rancio, y que pronto nos permitiría ver de otro modo distinto a los cánones académicos; eran marginados por una sociedad petrificada en sus hábitos mentales; todo sentimiento de admiración por sus obras se calificaba como extravagante (vgr el impresionismo). Esta actitud dominó hasta que el burgués se dio cuenta de pronto de que estaba dejando escapar negocios excelentes, y que el arte podía cotizar bien en su cartera.
De ahí vino el movimiento inverso en el siglo pasado, una vez digeridas las vanguardias: en una venta pública, un Gauguin podía cotizarse más caro que una catedral gótica; pero a decir verdad, este movimiento no es sino un capítulo muy marginal de la historia del arte verdadero. Las generaciones futuras se escandalizarán al comprobar que nosotros hemos llevado al arte al seno de la especulación hasta en ese terreno de la confianza ingenua en las cifras que parece caracterizar al siglo XX [y XXI]

Sabias palabras

Sabias palabras

Es fácil comprender que este simbolismo pueda dar lugar a una multiplicidad indefinida de aplicaciones; pero, al mismo tiempo, se debe ver muy fácilmente también que una tal geometría, muy lejos de no referirse más que a la pura cantidad, es al contrario esencialmente «cualitativa»; y diremos otro tanto de la verdadera ciencia de los números, ya que los números principiales, aunque deban llamarse así por analogía, están por así decir, en relación a nuestro mundo, en el polo opuesto de aquél donde se sitúan los números de la aritmética vulgar, los únicos que conocen los modernos y sobre los cuales llevan exclusivamente su atención, tomando así la sombra por la realidad misma, como los prisioneros de la caverna de Platón.
En el presente estudio, nos esforzaremos en mostrar más completamente todavía, y de una manera más general, cuál es la verdadera naturaleza de esas ciencias tradicionales, y también, por eso mismo, qué abismo las separa de las ciencias profanas que son como una caricatura o una parodia de ellas, lo que permitirá medir la decadencia sufrida por la mentalidad humana con el paso de las unas a las otras pero también ver, por la situación respectiva de sus objetos, cómo esta decadencia sigue estrictamente la marcha descendente del ciclo mismo recorrido por nuestra humanidad. Bien entendido, estas cuestiones son todavía de aquellas que no se puede pretender nunca tratar completamente, ya que, por su naturaleza, son verdaderamente inagotables; pero al menos trataremos de decir suficiente de ellas como para que cada uno pueda sacar a su respecto las conclusiones que se imponen en lo que concierne a la determinación del «momento cósmico» al que corresponde la época actual. Si hay en esto consideraciones que algunos encontrarán quizás obscuras a pesar de todo, es únicamente porque están demasiado alejadas de sus hábitos mentales, porque son demasiado extrañas a todo lo que les ha sido inculcado por la educación que han recibido y por el medio en el que viven; en eso no podemos nada, ya que hay cosas para las cuales un modo de expresión propiamente simbólico es el único posible, y que, por consiguiente, jamás serán comprendidas por aquellos para quienes el simbolismo es letra muerta. Por lo demás, recordaremos que este modo de expresión es el vehículo indispensable de toda enseñanza de orden iniciático; pero, sin hablar siquiera del mundo profano cuya incomprehensión es evidente y en cierto modo natural, basta con echar un vistazo sobre los vestigios de iniciación que subsisten todavía en Occidente para ver lo que algunos, a falta de «cualificación» intelectual, hacen de los símbolos que se proponen a su meditación, y para estar bien seguros de que esos, sean cuales sean los títulos de que estén revestidos y sean cuales sean los grados iniciáticos que hayan recibido «virtualmente», ¡no llegarán nunca a penetrar el verdadero sentido del menor fragmento de la geometría misteriosa de los «Grandes Arquitectos de Oriente y de Occidente»!
Puesto que acabamos de hacer alusión a Occidente, se impone todavía una precisión: cualquiera que sea la extensión que haya tomado, sobre todo en éstos últimos años, el estado de espíritu que llamamos específicamente «moderno», y cualquiera que sea el dominio que ejerce cada vez más, exteriormente al menos, sobre el mundo entero, este estado de espíritu por ello no permanece menos puramente occidental por su origen: efectivamente, es en Occidente donde ha tenido nacimiento y donde ha tenido mucho tiempo su dominio exclusivo, y, en Oriente, su influencia no será nunca otra cosa que una «occidentalización».
R.G. (El reino de la cantidad)

Libro interesante: "por cuatro duros"

Libro interesante: "por cuatro duros"

Una de las más gratas sorpresas editoriales de 2003 fue la publicación de Por cuatro duros. Cómo (no) apañárselas en EE UU (RBA), reportaje escrito por la periodista estadounidense Barbara Ehrenreich, colaboradora de medios como The Nation y The New York Times Magazine y una de los voces críticas más importantes de su país. El libro narra sus peripecias durante los meses en los que se hizo pasar por trabajadora no cualificada –asistenta, camarera, dependienta de grandes almacenes, etc.– con el objeto de ver si era o no capaz de subsistir. Basculando entre la crónica periodística y la antología del humor negro, Ehrenreich radiografía un "mundo libre" (de sindicatos): moteles de tres al cuarto, jefes paranoicos, trabajadores lobotomizados, emporios sin escrúpulos, salarios de risa y un largo etcétera de hechos reales que, por alguna extraña paradoja, parecen más cercanos a los inframundos de ficción creados por David Lynch o William Burroughs que a la "realidad" transmitida habitualmente por los medios de comunicación. LDNM ha hablado con ella.

¿Ha provocado Por cuatro duros algún tipo de debate en su país? No creo que pueda hablarse de un debate porque, en suma, nadie parece estar preparándose para hacer frente a los salarios bajísimos que reciben tantos trabajadores americanos.
¿Qué opinión le merece la controversia que ha generado el libro? Me refiero al hecho de que organizaciones derechistas lo calificaran de "desvarío marxista" y "pornografía intelectual". En realidad, la discusión se centró más en lo "mala persona” que soy yo –atea, feminista, socialista, etc.– y menos en el libro en sí; nadie ha afirmado que el relato fuera inexacto en sus descripciones del trabajo mal remunerado.
Su reportaje empezó a gestarse a finales de los años noventa. Pasado este tiempo, ¿sigue dándole vueltas a las situaciones que vivió tras adoptar una nueva personalidad? La popularidad del libro en EE UU ha hecho que sea difícil escapar de él. Viajo constantemente para hablar de Por cuatro duros, sobre todo en facultades universitarias y centrales sindicales.
Respecto a su manera de escribir, se aprecia cierta tendencia a recurrir al humor negro para describir las situaciones más desesperadas... No lo sé, no "uso" el humor conscientemente para remarcar algo en especial. Solo intento informar sobre las situaciones absurdas de la vida tal y como yo las veo.

EMPRENDEDORES

EMPRENDEDORES

(cuento de economía ficción)

(...) De Grupo de Grandes Almacenes se pasó a Grupo de Grandes Inmuebles. Quedaban las dos Ges, que serían estilizadas en el nuevo logotipo, y se añadía una I rectilínea, símbolo de una ejecutoria sin meandros, como glosaría un articulista proclive al entusiasmo – o, traducido por las malas lenguas, a sueldo de la casa-.
Correspondió trazar el diseño de la marca a un artista considerado entre los mejores del gremio. El mismo articulista entusiasta habría de escribir: “tiene resonancias dalinianas y la frescura de Walt Disney con toque posmoderno”. Para llegar a la obra maestra, se había convocado un concurso en el que quedó finalista el triunvirato de diseñadores de moda. Declaró el presidente A..., en la rueda de prensa que presentó las señas de identidad del GGI: “Los tres logotipos tienen una calidad tan extraordinaria que los directivos no han sabido por cuál decidirse. Estoy seguro de que el acierto hubiera sido pleno con cualquiera de los tres. Debo decir que el esfuerzo de los dos finalistas no quedará sin recompensa. Hemos decidido premiarlos a los tres, y que figuren con todos los honores en nuestro libro de identidad corporativa”.
Sólo la fase de la operación imagen había costado 50 millones de pesetas largos. Pero uno de los 2 perdedores no fue muy deportivo en su “derrota”. En unas declaraciones incendiarias a la prensa, dijo que el logo era una “horterez”(sic). Rechazó la compensación, y expresó que la donaba a los damnificados por el plan de reestructuración (léase despedidos) del GGI. Por último, amenazó con una demanda millonaria si su nombre aparecía en el “libro de pérdida de identidad” (sic). Y dejó la insinuación de que el nuevo logo le recordaba a la marca de una marca de pasta fresca que había visto en Italia.
Sin embargo, la polémica ayudó a la implantación de GGI en los círculos de influencia.
A... por su parte se convertía en uno de los hombres más influyentes de España. La vertiginosa revalorización de los inmuebles de GGI, ya reconvertidos en oficinas de alquiler o puestos a la venta, asentó su fama de mago de las finanzas de los años 80. Pero lo más sorprendente es que A... ascendió a la parte intermedia de la lista de los hombres más atractivos de España. Doble barbilla, calva más que incipiente, expresión abotargada y manos bastas heredadas de su humilde progenitor, hubiesen sido un obstáculo para ello. Pero la contribución decisiva a su sex appeal vino cuando coincidió casualmente con una joven actriz de grandes pechos, durante un programa televisivo de gran audiencia. Unas declaraciones pícaras (y en broma) de la chica sobre el ilustre director, fueron recogidas con gran bulla por la prensa rosa. Y después empezó a formarse la “bola” de que A... tenía un asunto con la actriz. Cada vez que coincidía la supuesta pareja (cosa rara, por cierto) en un acto público, salía la foto “comprometedora” (incluyendo una en la que la despistada pechugona mostraba un pezón inadvertidamente sobre el escote).
(...)
La gesta del GGI como nuevo grupo inmobiliario fue alabada por la prensa extranjera como exponente del milagro español.
Acosado por periodistas económicos y generalistas de medio mundo, A... debió hacer un poco de músculos, quemar grasa e inventarse un glorioso pasado de afición al deporte, a la gastronomía y unos cuantos títulos universitarios ficticios. Hasta se compró un pequeño yate para navegar a vela por el Mediterráneo. Su gusto por el mar era puro márketing: A... se mareaba con la marejadilla, y con mar picada vomitaba siempre.
Torres de vidrio y cristal crecían como setas en medio de la capital. Pero la saturación del negocio principal aconsejó a A...diversificar los negocios. Invirtió en Bolsa parte de los beneficios, compró acciones rentables; adquirió a precio de saldo empresas arruinadas para revenderlas a otros grupos en ágiles cabriolas financieras. De cara a la galería, expansión industrial: intereses en todo, de los tornillos a las patatas (esto queda bien en los folletos). Mecenazgos y fundaciones para lavar la cara.
De forma paralela, participación en actividades menos prestigiosas: tragaperras, blanqueo de dinero negro de aquí y allá...En el borde de la legalidad o fuera de ella (pero siempre ocasionalmente y sin pasearse mucho rato junto con la lumpen-burguesía), había que hacer negocios sin hacer ascos a nada.
Y sobre todo, en caso de problemas, la coartada suprema: contribuir a la riqueza del país, mantener y crear puestos de trabajo (aunque tras sus compraventas de empresas las reconversiones diezmasen a las plantillas). También había que tratar bien a la prensa, sobre todo económica.
Un último detalle obsesionaba a A..., el capital extranjero. En los años 80 la economía ya era global, aunque no se hablaba como ahora de la globalización a todas horas. Existían y existen volúmenes inmensos de capitales errantes, dispuestos as situarse donde encontrasen una mejor retribución. Y ante los reclamos de A..., esos capitales corrían hacia el GGI, engordándolo.
El único peligro que A... y sus asesores veían para la pervivencia del Imperio GGI era la codicia de los competidores nacionales, envidiosos del éxito de aquel relativo advenedizo: las antiguas familias (la “aristocracia burguesa”) y los grandes grupos tradicionales.
(...).
Nota: todo esto es ficción ¿eh?
;-)

Enlace tremendo.

Enlace tremendo.

Al principio creíamos que era broma, pero no. Leed, leed esto si tenéis valor.

No es Mad Max sino el futuro real más probable.