EMPRENDEDORES
(...) De Grupo de Grandes Almacenes se pasó a Grupo de Grandes Inmuebles. Quedaban las dos Ges, que serían estilizadas en el nuevo logotipo, y se añadía una I rectilínea, símbolo de una ejecutoria sin meandros, como glosaría un articulista proclive al entusiasmo o, traducido por las malas lenguas, a sueldo de la casa-.
Correspondió trazar el diseño de la marca a un artista considerado entre los mejores del gremio. El mismo articulista entusiasta habría de escribir: tiene resonancias dalinianas y la frescura de Walt Disney con toque posmoderno. Para llegar a la obra maestra, se había convocado un concurso en el que quedó finalista el triunvirato de diseñadores de moda. Declaró el presidente A..., en la rueda de prensa que presentó las señas de identidad del GGI: Los tres logotipos tienen una calidad tan extraordinaria que los directivos no han sabido por cuál decidirse. Estoy seguro de que el acierto hubiera sido pleno con cualquiera de los tres. Debo decir que el esfuerzo de los dos finalistas no quedará sin recompensa. Hemos decidido premiarlos a los tres, y que figuren con todos los honores en nuestro libro de identidad corporativa.
Sólo la fase de la operación imagen había costado 50 millones de pesetas largos. Pero uno de los 2 perdedores no fue muy deportivo en su derrota. En unas declaraciones incendiarias a la prensa, dijo que el logo era una horterez(sic). Rechazó la compensación, y expresó que la donaba a los damnificados por el plan de reestructuración (léase despedidos) del GGI. Por último, amenazó con una demanda millonaria si su nombre aparecía en el libro de pérdida de identidad (sic). Y dejó la insinuación de que el nuevo logo le recordaba a la marca de una marca de pasta fresca que había visto en Italia.
Sin embargo, la polémica ayudó a la implantación de GGI en los círculos de influencia.
A... por su parte se convertía en uno de los hombres más influyentes de España. La vertiginosa revalorización de los inmuebles de GGI, ya reconvertidos en oficinas de alquiler o puestos a la venta, asentó su fama de mago de las finanzas de los años 80. Pero lo más sorprendente es que A... ascendió a la parte intermedia de la lista de los hombres más atractivos de España. Doble barbilla, calva más que incipiente, expresión abotargada y manos bastas heredadas de su humilde progenitor, hubiesen sido un obstáculo para ello. Pero la contribución decisiva a su sex appeal vino cuando coincidió casualmente con una joven actriz de grandes pechos, durante un programa televisivo de gran audiencia. Unas declaraciones pícaras (y en broma) de la chica sobre el ilustre director, fueron recogidas con gran bulla por la prensa rosa. Y después empezó a formarse la bola de que A... tenía un asunto con la actriz. Cada vez que coincidía la supuesta pareja (cosa rara, por cierto) en un acto público, salía la foto comprometedora (incluyendo una en la que la despistada pechugona mostraba un pezón inadvertidamente sobre el escote).
(...)
La gesta del GGI como nuevo grupo inmobiliario fue alabada por la prensa extranjera como exponente del milagro español.
Acosado por periodistas económicos y generalistas de medio mundo, A... debió hacer un poco de músculos, quemar grasa e inventarse un glorioso pasado de afición al deporte, a la gastronomía y unos cuantos títulos universitarios ficticios. Hasta se compró un pequeño yate para navegar a vela por el Mediterráneo. Su gusto por el mar era puro márketing: A... se mareaba con la marejadilla, y con mar picada vomitaba siempre.
Torres de vidrio y cristal crecían como setas en medio de la capital. Pero la saturación del negocio principal aconsejó a A...diversificar los negocios. Invirtió en Bolsa parte de los beneficios, compró acciones rentables; adquirió a precio de saldo empresas arruinadas para revenderlas a otros grupos en ágiles cabriolas financieras. De cara a la galería, expansión industrial: intereses en todo, de los tornillos a las patatas (esto queda bien en los folletos). Mecenazgos y fundaciones para lavar la cara.
De forma paralela, participación en actividades menos prestigiosas: tragaperras, blanqueo de dinero negro de aquí y allá...En el borde de la legalidad o fuera de ella (pero siempre ocasionalmente y sin pasearse mucho rato junto con la lumpen-burguesía), había que hacer negocios sin hacer ascos a nada.
Y sobre todo, en caso de problemas, la coartada suprema: contribuir a la riqueza del país, mantener y crear puestos de trabajo (aunque tras sus compraventas de empresas las reconversiones diezmasen a las plantillas). También había que tratar bien a la prensa, sobre todo económica.
Un último detalle obsesionaba a A..., el capital extranjero. En los años 80 la economía ya era global, aunque no se hablaba como ahora de la globalización a todas horas. Existían y existen volúmenes inmensos de capitales errantes, dispuestos as situarse donde encontrasen una mejor retribución. Y ante los reclamos de A..., esos capitales corrían hacia el GGI, engordándolo.
El único peligro que A... y sus asesores veían para la pervivencia del Imperio GGI era la codicia de los competidores nacionales, envidiosos del éxito de aquel relativo advenedizo: las antiguas familias (la aristocracia burguesa) y los grandes grupos tradicionales.
(...).
Nota: todo esto es ficción ¿eh?
;-)
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