Blogia
eedm

Palabras sabias

Palabras sabias Entendidas en este sentido relativo, y sobre todo en relación a los seres particulares, la esencia y la substancia son en suma la misma cosa que lo que los filósofos escolásticos han llamado «forma» y «materia»; pero preferimos evitar el empleo de éstos últimos términos, que, a consecuencia sin duda de una imperfección de la lengua latina a este respecto, no traducen sino muy inexactamente las ideas que deben expresar , y que han devenido todavía mucho más equívocas en razón del sentido completamente diferente que las mismas palabras han recibido comúnmente en el lenguaje moderno. Sea como sea, decir que todo ser manifestado es un compuesto de «forma» y de «materia» equivale a decir que su existencia procede necesariamente a la vez de la esencia y de la substancia, y, por consiguiente, que hay en él algo que corresponde a cada uno de éstos dos principios, de tal suerte que él es como una resultante de su unión, o, para hablar más precisamente, de la acción ejercida por el principio activo o la esencia sobre el principio pasivo o la substancia; y, en la aplicación que se hace de ellos más especialmente en el caso de los seres individuales, esta «forma» y esta «materia» que los constituyen son respectivamente idénticas a lo que la tradición hindú designa como nâma y rûpa. Ya que estamos señalando estas concordancias entre diferentes terminologías, que pueden tener la ventaja de permitir a algunos transponer nuestras explicaciones a un lenguaje al que están más habituados, y por consiguiente comprenderlas más fácilmente, agregaremos también que lo que se llama «acto» y «potencia», en el sentido aristotélico, corresponde igualmente a la esencia y a la substancia; por lo demás, éstos dos términos son susceptibles de una aplicación más extensa que los de «forma» y de «materia»; pero, en el fondo, decir que hay en todo ser una mezcla de acto y de potencia equivale también a lo mismo, ya que el acto es en él aquello por lo que participa en la esencia, y la potencia aquello por lo que participa en la substancia; el acto puro y la potencia pura no podrían encontrarse en parte ninguna en la manifestación, puesto que, en definitiva, son los equivalentes de la esencia y de la substancia universales.
Bien comprendido eso, podemos hablar de la esencia y de la substancia de nuestro mundo, es decir del que es el dominio del ser individual humano, y diremos que, conformemente a las condiciones que definen propiamente este mundo, estos dos principios aparecen en él respectivamente bajo los aspectos de la cualidad y de la cantidad. Eso puede ya parecer evidente en lo que concierne a la cualidad, puesto que la esencia es en suma la síntesis principial de todos los atributos que pertenecen a un ser y que hacen que este ser sea lo que es, y puesto que atributos o cualidades son en el fondo sinónimos; y se puede destacar que la cualidad, considerada así como el contenido de la esencia, si es permisible expresarse así, no está restringida exclusivamente a nuestro mundo, sino que es susceptible de una transposición que universaliza su significación, lo que, por lo demás, no tiene nada de sorprendente desde que ella representa aquí el principio superior; pero, en una tal universalización, la cualidad cesa de ser el correlativo de la cantidad, ya que ésta, por el contrario, está estrictamente ligada a las condiciones especiales de nuestro mundo; por lo demás, desde el punto de vista teológico, ¿no se refiere de algún modo la cualidad a Dios mismo al hablar de sus atributos, mientras que sería manifiestamente inconcebible pretender transportar del mismo modo a Él unas determinaciones cuantitativas cualesquiera? .

0 comentarios