13M (2)
El programa del Expreso de aquella noche iba a ser aparentemente normal, dedicado a las paranoias que últimamente tratábamos: las crisis petrolíferas y el mundo de las flores (¿sería propaganda subliminal pro-PSOE hablar sobre las rosas?). Con todo, estábamos alertas por si había noticias o llamadas intempestivas. A esas horas (22 h) en algunas ciudades españolas habían aparecido no se sabe cómo (seguramente por citaciones vía Internet y mensajes de teléfono móvil) unas concentraciones salidas de la nada, como quien dice. No tenía información de quiénes las convocaban ni si había también en Z, pero cuando llegué a la emisora los del programa anterior me comentaron que se estaba juntando un buen montón de gente en el centro de la ciudad, y que se dirigían a la sede del PP, se supone que con fines pacíficos.
Estuve esperando como 10 minutos a ver si llamaba alguien, por si tenía que hacer un especial sobre la actualidad al rojo vivo. Estuve poniendo música dedicada a los damnificados por el atentado, pero como no llamó nadie simplemente hice un comentario breve sobre la situación, quejándome sobre la censura informativa y refiriéndome a las concentraciones.
El programa siguió normalmente, si es que algo en aquella noche del 13M era normal. Me sentía como los periodistas que el 23F cubrieron el golpe de Tejero, estaba a la espera, podía pasar cualquier cosa...
El programa terminó más tarde de lo habitual, por si acaso había más sorpresas. Casi eramedianoche cuando volví a casa. Había estado dudando entre acudir por mi cuenta a las concentraciones que todavía podían continuar, hacer guardia en la radio junto a los colegas del programa anterior (sospechosamente enrocados en el local, je) o regresar a casa. Decidí lo último porque al día siguiente tenía que madrugar para ir al colegio electoral.
Cuando llegué a casa me acosté pero no tenía sueño.
Se me ocurrió que igual no había elecciones al día siguiente, y me despertaba la radio despertador con la noticia de que se habían suspendido sine die, o incluso que se había decretado el estado de sitio por la violencia contra la democracia que suponía la libre expresión del cabreo difuso de unos cuantos españoles saturados por las mentiras oficiales, que habían sitiado las sedes del partido régimen. Vista la prepotencia y la torpeza del gobierno de Aznar, todo era posible, incluso llegué a pensar que iba a ordenar el cierre de los medios desleales con el golpismo mediático.
Puse la radio y me enteré de los llamamientos histéricos del gobierno al orden y declarando ilegales a los manifestantes, como si ellos no hubiesen hecho trapacerías antes. También me enteré de que habían acabado destapando el fregado: la hipótesis electoralista del bombazo etarra se derrumbaba a ojos vista.
Estuve un buen rato en Internet, había saturación por la avalancha de gente que buscaba información o enviaba mensajes.
Me indicaron en no me acuerdo dónde que había una página con información alternativa que estaba dando mucha caña al gobierno. Pero cuando intenté conectar con ella no salía. Luego resultó que le habían metido un virus o algo así para que nadie pudiese consultarla. La página en cuestión era www.lahaine.org, si no recuerdo mal. Estaban intentando amordazar a la disidencia virtual, aquello era grave. Pero en Internet hay muchas páginas y sólo cortando la luz podrían callar la rebelión de las máquinas.
Me eché tarde un poco intranquilo. Aquello se le podía ir de las manos al gobierno, aunque de todos modos se me ocurrió que si habían autodestruido su mentira oficial admitiendo la pista árabe del atentado, ya no intentarían ninguna trampa más.
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