Sabias palabras
Es fácil comprender que este simbolismo pueda dar lugar a una multiplicidad indefinida de aplicaciones; pero, al mismo tiempo, se debe ver muy fácilmente también que una tal geometría, muy lejos de no referirse más que a la pura cantidad, es al contrario esencialmente «cualitativa»; y diremos otro tanto de la verdadera ciencia de los números, ya que los números principiales, aunque deban llamarse así por analogía, están por así decir, en relación a nuestro mundo, en el polo opuesto de aquél donde se sitúan los números de la aritmética vulgar, los únicos que conocen los modernos y sobre los cuales llevan exclusivamente su atención, tomando así la sombra por la realidad misma, como los prisioneros de la caverna de Platón.En el presente estudio, nos esforzaremos en mostrar más completamente todavía, y de una manera más general, cuál es la verdadera naturaleza de esas ciencias tradicionales, y también, por eso mismo, qué abismo las separa de las ciencias profanas que son como una caricatura o una parodia de ellas, lo que permitirá medir la decadencia sufrida por la mentalidad humana con el paso de las unas a las otras pero también ver, por la situación respectiva de sus objetos, cómo esta decadencia sigue estrictamente la marcha descendente del ciclo mismo recorrido por nuestra humanidad. Bien entendido, estas cuestiones son todavía de aquellas que no se puede pretender nunca tratar completamente, ya que, por su naturaleza, son verdaderamente inagotables; pero al menos trataremos de decir suficiente de ellas como para que cada uno pueda sacar a su respecto las conclusiones que se imponen en lo que concierne a la determinación del «momento cósmico» al que corresponde la época actual. Si hay en esto consideraciones que algunos encontrarán quizás obscuras a pesar de todo, es únicamente porque están demasiado alejadas de sus hábitos mentales, porque son demasiado extrañas a todo lo que les ha sido inculcado por la educación que han recibido y por el medio en el que viven; en eso no podemos nada, ya que hay cosas para las cuales un modo de expresión propiamente simbólico es el único posible, y que, por consiguiente, jamás serán comprendidas por aquellos para quienes el simbolismo es letra muerta. Por lo demás, recordaremos que este modo de expresión es el vehículo indispensable de toda enseñanza de orden iniciático; pero, sin hablar siquiera del mundo profano cuya incomprehensión es evidente y en cierto modo natural, basta con echar un vistazo sobre los vestigios de iniciación que subsisten todavía en Occidente para ver lo que algunos, a falta de «cualificación» intelectual, hacen de los símbolos que se proponen a su meditación, y para estar bien seguros de que esos, sean cuales sean los títulos de que estén revestidos y sean cuales sean los grados iniciáticos que hayan recibido «virtualmente», ¡no llegarán nunca a penetrar el verdadero sentido del menor fragmento de la geometría misteriosa de los «Grandes Arquitectos de Oriente y de Occidente»!
Puesto que acabamos de hacer alusión a Occidente, se impone todavía una precisión: cualquiera que sea la extensión que haya tomado, sobre todo en éstos últimos años, el estado de espíritu que llamamos específicamente «moderno», y cualquiera que sea el dominio que ejerce cada vez más, exteriormente al menos, sobre el mundo entero, este estado de espíritu por ello no permanece menos puramente occidental por su origen: efectivamente, es en Occidente donde ha tenido nacimiento y donde ha tenido mucho tiempo su dominio exclusivo, y, en Oriente, su influencia no será nunca otra cosa que una «occidentalización».
R.G. (El reino de la cantidad)
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