
Otra cuestión se plantea todavía: la cantidad se presenta a nosotros bajo modos diversos, y, concretamente, hay la cantidad discontinua, que es propiamente el número , y la cantidad continua, que es representada principalmente por las magnitudes espacial y temporal; ¿cuál es, entre estos modos, el que constituye más precisamente lo que se puede llamar la cantidad pura? Esta cuestión tiene también su importancia, tanto más cuanto que Descartes, que se encuentra en el punto de partida de una buena parte de las concepciones filosóficas y científicas específicamente modernas, ha querido definir la materia por la extensión, y hacer de esta definición misma el principio de una física cuantitativa que, si no era todavía «materialismo», era al menos «mecanicismo»; se podría estar tentado de concluir de eso que es la extensión la que, al ser directamente inherente a la materia, representa el modo fundamental de la cantidad. Por el contrario, Santo Tomás de Aquino, al decir que «numerus stat ex parte materiæ», parece sugerir más bien que es el número el que constituye la base substancial de este mundo, y que es él, por consiguiente, el que debe considerarse verdaderamente como la cantidad pura; este carácter «básico» del número concuerda perfectamente con el hecho de que, en la doctrina pitagórica, es el número el que, por analogía inversa, se toma como símbolo de los principios esenciales de las cosas. Por lo demás, es menester destacar que la materia de Descartes ya no es la materia secunda de los escolásticos, sino que es ya un ejemplo, y quizás el primero en fecha, de una «materia» de físico moderno, aunque Descartes no haya puesto todavía en esta noción todo lo que sus sucesores debían introducir en ella poco a poco para llegar a sus teorías más recientes sobre la «constitución de la materia». Hay pues lugar a sospechar que, en la definición cartesiana de la materia, puede haber algún error o alguna confusión, y que ya ha debido deslizarse en ella, quizás sin saberlo su autor, un elemento que no es de orden puramente cuantitativo; y en efecto, como lo veremos después, la extensión, aunque tiene evidentemente un carácter cuantitativo, como todo lo que pertenece al mundo sensible, no obstante no podría ser mirada como pura cantidad. Además, se puede destacar también que las teorías que van más lejos en el sentido de la reducción a lo cuantitativo son generalmente «atomistas», bajo una forma o bajo otra, es decir, que introducen en su noción de materia una discontinuidad que la aproxima mucho más a la naturaleza del número que a la de la extensión; e incluso el hecho de que la materia corporal no pueda ser concebida a pesar de todo de otro modo que como extensión no es para todo «atomista» más que una fuente de contradicciones. Otra causa de confusión en todo eso, y sobre la cual tendremos que volver, es el hábito que se ha tomado de considerar «cuerpo» y «materia» casi como sinónimos; en realidad, los cuerpos no son de ninguna manera la materia secunda, que no se encuentra en ninguna parte en las existencias manifestadas en este mundo, sino que proceden de ella solo como de su principio substancial.
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