ERDLC. 30-3-ter
Para llegar al punto que hemos descrito, es menester que el hombre, por el hecho mismo de esta «materialización» o de esta «solidificación» que se opera naturalmente en él tanto como en el resto de la manifestación cósmica de la que forma parte, y que modifica notablemente su constitución «psicofisiológica», haya perdido el uso de las facultades que le permitirían normalmente rebasar los límites del mundo sensible, ya que, incluso si éste está muy rodeado realmente de tabiques más espesos, se podría decir, que los tabiques de que estaba rodeado en sus estados anteriores, por ello no es menos verdad que no podría haber nunca en ninguna parte una separación absoluta entre diferentes ordenes de existencia; una tal separación tendría por efecto cercenar de la realidad misma el dominio que ella encerraría, de suerte que, ahí también, la existencia de ese dominio, es decir, del mundo sensible en el caso de que se trata, se desvanecería inmediatamente. Por lo demás, uno podría preguntarse legítimamente cómo ha podido producirse efectivamente una atrofia tan completa y tan general de algunas facultades; para eso ha sido menester que el hombre haya sido conducido primero a dirigir toda su atención sobre las cosas sensibles exclusivamente, y es por ahí por donde ha debido comenzar necesariamente esta obra de desviación que se podría llamar la «fabricación» del mundo moderno, y que, bien entendido, no podía «triunfar», ella también, si no es precisamente en esta fase del ciclo y utilizando, en modo «diabólico», las condiciones presentes del medio mismo. Sea como sea en lo que concierne a este último punto, sobre el que no queremos insistir más por el momento, no se podría admirar demasiado la solemne necedad de algunas declamaciones queridas de los «vulgarizadores» científicos (deberíamos decir más bien «cientificistas»), que se complacen en afirmar a todo propósito que la ciencia moderna hace retroceder sin cesar los límites del mundo conocido, lo que, de hecho, es exactamente lo contrario de la verdad: ¡nunca estos límites han sido tan estrechos como lo son en las concepciones admitidas por esta pretendida ciencia profana, y nunca el mundo ni el hombre se habían encontrado así empequeñecidos, hasta el punto de ser reducidos a simples entidades corporales, privados, por hipótesis, de la menor posibilidad de comunicación con todo otro orden de realidad!Por lo demás, hay todavía otro aspecto de la cuestión, recíproco y complementario del que hemos considerado hasta aquí: en todo esto, el hombre no es reducido al papel pasivo de un simple espectador, que debiera limitarse a hacerse una idea más o menos verdadera, o más o menos falsa, de lo que ocurre a su alrededor; más bien, él mismo es uno de los factores que intervienen activamente en las modificaciones del mundo donde vive; y debemos agregar que es incluso un factor particularmente importante, en razón de la posición propiamente «central» que ocupa en este mundo. Al hablar de esta intervención humana, no entendemos hacer alusión simplemente a las modificaciones artificiales que la industria hace sufrir al medio terrestre, y que son por lo demás muy evidentes como para que haya lugar a extenderse más en ello; eso es una cosa que conviene ciertamente tener en cuenta, pero eso no es todo, y de lo que se trata sobre todo, desde el punto de vista donde nos colocamos en este momento, es de algo completamente diferente, que no es querido por el hombre, al menos expresa y conscientemente, pero que, en realidad, va no obstante mucho más lejos. En efecto, la verdad es que la concepción materialista, una vez que ha sido formada y difundida de una manera cualquiera, no puede sino concurrir a reforzar todavía más esta «solidificación» del mundo que ha hecho posible primeramente, y todas las consecuencias que derivan directa o indirectamente de esta concepción, comprendida la noción corriente de la «vida ordinaria», no hacen sino tender hacia ese mismo fin, ya que las reacciones generales del medio cósmico mismo cambian efectivamente según la actitud adoptada por el hombre a su respecto.
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