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. Se podría decir también, en otros términos, que la «materialización» existe como tendencia, pero que la «materialidad», que sería el resultado completo de esta tendencia, es un estado irrealizable; de eso viene, entre otras consecuencias, el que las leyes mecánicas formuladas teóricamente por la ciencia moderna no sean nunca susceptibles de una aplicación exacta y rigurosa a las condiciones de la experiencia, donde subsisten siempre elementos que se les escapan necesariamente, incluso en la fase en la que el papel de esos elementos se encuentra en cierto modo reducido al mínimo. Así pues, en eso no se trata nunca más que de una aproximación, que, en esta fase, y bajo la reserva de casos devenidos entonces excepcionales, puede ser suficiente para las necesidades prácticas inmediatas, pero que por ello no implica menos una simplificación muy grosera, lo que le quita no solo toda pretendida «exactitud», sino incluso todo valor de «ciencia» en el verdadero sentido de esta palabra; y es también con esta misma aproximación como el mundo sensible puede pretender la apariencia de un «sistema cerrado», tanto a los ojos de los físicos como en la corriente de los acontecimientos que constituyen la «vida ordinaria».En lugar de hablar de «materialización» como acabamos de hacerlo, se podría también, en un sentido que en el fondo es el mismo, y de una manera quizás más precisa e incluso más «real», hablar de «solidificación»; en efecto, los cuerpos sólidos son, por su densidad y su impenetrabilidad, lo que da más que toda otra cosa la ilusión de la «materialidad». Al mismo tiempo, esto nos recuerda la manera en que Bergson, así como lo hemos señalado más atrás, habla del «sólido» como constituyendo en cierto modo el dominio propio de la razón, en lo cual es por lo demás evidente que, conscientemente o no (y sin duda poco conscientemente, puesto que no solo generaliza y no aporta ninguna restricción, sino que incluso cree poder hablar en eso de «inteligencia», como lo hace siempre mientras que lo que dice no puede aplicarse realmente más que a la razón), se refiere más especialmente a lo que ve a su alrededor, es decir, al uso «científico» que se hace actualmente de esta razón. Agregaremos que esta «solidificación» efectiva es precisamente la verdadera causa por la que la ciencia moderna «triunfa», no ciertamente en sus teorías que no son menos falsas por eso, y que por lo demás cambian a cada momento, sino en sus aplicaciones prácticas; en otras épocas en las que esta «solidificación» no estaba todavía tan acentuada, no solo el hombre no hubiera podido pensar en la industria tal como se la entiende hoy, sino que esta industria misma hubiera sido realmente del todo imposible, así como todo el conjunto de la «vida ordinaria» donde tiene un lugar tan importante. Esto, notémoslo de pasada, basta para cortar todos los delirios de los supuestos «clarividentes» que, imaginando el pasado sobre el modelo del presente, atribuyen a algunas civilizaciones «prehistóricas» y de fecha muy remota algo completamente semejante al «maquinismo» contemporáneo; en eso no hay más que una de las formas del error que hace decir vulgarmente que la «historia se repite», y que implica una completa ignorancia de lo que hemos llamado las determinaciones cualitativas del tiempo.
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