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ERDLC. 28-3(sigue)

ERDLC. 28-3(sigue) Así pues, en eso ha ocurrido lo que ha ocurrido generalmente para todas las cosas que, a un título o a otro, desempeñan un papel en la existencia humana: estas cosas han sido despojadas poco a poco de todo carácter «sagrado» o tradicional, y es así como esta existencia misma, en su conjunto, ha devenido completamente profana y se ha encontrado finalmente reducida a la baja mediocridad de la «vida ordinaria» tal como se presenta hoy día. Al mismo tiempo, el ejemplo de la moneda muestra bien que esta «profanización», si es permisible emplear un tal neologismo, se opera principalmente por la reducción de las cosas únicamente a su aspecto cuantitativo; de hecho, se ha acabado por no poder concebir ya que la moneda sea otra cosa que la representación de una cantidad pura y simple; pero, si este caso es particularmente claro a este respecto, porque ha sido llevado en cierto modo hasta la extrema exageración, no obstante está lejos de ser el único en el que una tal reducción aparece como contribuyendo a encerrar la existencia en el horizonte limitado del punto de vista profano. Lo que hemos dicho del carácter cuantitativo por excelencia de la industria moderna y de todo lo que se refiere a ella permite comprenderlo suficientemente: al rodear constantemente al hombre de los productos de esta industria, al no permitirle por así decir ver ya otra cosa (salvo, como en los museos por ejemplo, a título de simples «curiosidades» que no tienen ninguna relación con las circunstancias «reales» de su vida, ni por consiguiente ninguna influencia efectiva sobre ésta), se le obliga verdaderamente a encerrarse en el círculo estrecho de la «vida ordinaria» como en una prisión sin salida. En una civilización tradicional, al contrario, cada objeto, al mismo tiempo que era tan perfectamente apropiado como es posible al uso al que estaba inmediatamente destinado, estaba hecho de tal manera que, en cada instante, y por el hecho mismo de que se hacía realmente uso de él (en lugar de tratarle en cierto modo como una cosa muerta así como lo hacen los modernos para todo lo que consideran «obras de arte»), podía servir de «soporte» de meditación al ligar al individuo a algo más que la simple modalidad corporal, y al ayudar así a cada uno a elevarse a un estado superior según la medida de sus capacidades ; ¡qué abismo entre estas dos concepciones de la existencia humana!
Por lo demás, esta degeneración cualitativa de todas las cosas está estrechamente ligada a la moneda, como lo muestra el hecho de que se ha llegado a no «estimar» corrientemente un objeto más que por su precio, considerado únicamente como una «cifra», una «suma» o una cantidad numérica de moneda; de hecho, en la mayoría de nuestros contemporáneos, todo juicio que se hace sobre un objeto se basa casi siempre exclusivamente sobre lo que cuesta.

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