ERDLC. 25-3.
(...)todas esas consideraciones sobre la «unidad del espíritu humano», que los modernos invocan sin cesar para explicar toda suerte de cosas, de las cuales algunas ni siquiera son de orden «psicológico», como por ejemplo, el hecho de que los mismos símbolos tradicionales se encuentren en todos los tiempos y en todos los lugares; además de que no es del «espíritu» de lo que se trata realmente para ellos, sino simplemente de la «mente», en eso no puede haber más que una falsa unidad, ya que la verdadera unidad no podría pertenecer al dominio individual, que es el único que tienen en vista los que hablan así, y por lo demás también, más generalmente, todos los que creen poder hablar de «espíritu humano», como si el espíritu pudiera estar afectado de un carácter específico; y, en todo caso, la comunidad de naturaleza de los individuos en la especie no puede tener más que manifestaciones de orden muy general, y es perfectamente incapaz de explicar similitudes que recaen al contrario sobre detalles muy precisos; ¿pero cómo hacer comprender a esos modernos que la unidad fundamental de todas las tradiciones no se explica verdaderamente más que por lo que hay en ellas de «suprahumano»? Por otra parte, y para volver a lo que no es efectivamente más que humano, es inspirándose evidentemente en la concepción cartesiana como Locke, el fundador de la psicología moderna, ha creído poder declarar que, para saber lo que han pensado antaño los Griegos y los Romanos (ya que su horizonte no se extendía más allá de la antigüedad «clásica» occidental), no hay más que buscar lo que piensan los Ingleses y Franceses de nuestros días ya que «el hombre es por todas partes y siempre el mismo»; nada podría ser más falso, y no obstante los psicólogos han permanecido siempre en eso, ya que, mientras se imaginan que están hablando del hombre en general, la mayor parte de lo que dicen no se aplica en realidad más que al Europeo moderno; ¿no es eso creer ya realizada esa uniformidad que se tiende en efecto actualmente a imponer a todos los individuos humanos? Es verdad que, en razón misma de los esfuerzos que se hacen en este sentido, las diferencias van atenuándose, y que así la hipótesis de los psicólogos es menos completamente falsa hoy día que en tiempos de Locke (a condición no obstante, bien entendido, de que uno se guarde cuidadosamente de querer referir como él su aplicación al pasado); pero, a pesar de todo, el límite, como ya lo hemos dicho más atrás, no podrá ser alcanzado nunca, y, mientras dure este mundo, siempre habrá diferencias irreductibles; en fin, por añadidura, ¿es el medio de conocer verdaderamente la naturaleza humana tomar como un tipo un «ideal» que, en todo rigor, no podría ser calificado más que de «infrahumano»?Habiendo dicho eso, queda explicar todavía por qué el racionalismo está ligado a la idea de una ciencia exclusivamente cuantitativa, o, para decirlo mejor, por qué ésta procede de aquél; y, a este respecto, es menester reconocer que hay una parte notable de verdad en las críticas que Bergson dirige a lo que él llama sin razón la «inteligencia», y que no es en realidad más que la razón, e incluso, más precisamente, un cierto uso de la razón basado sobre la concepción cartesiana, ya que es en definitiva de esta concepción de donde han salido todas las formas del racionalismo moderno
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