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LA VENGANZA DEL NEOLÍTICO, A LA VUELTA DE LA ESQUINA

LA VENGANZA DEL NEOLÍTICO, A LA VUELTA DE LA ESQUINA Con la revolución industrial fue posible aumentar los cultivos y el empleo del ganado con menos personal, por lo que grandes masas de población se convirtieron en empleados y obreros en las ciudades, que crecieron a una escala nunca vista, y aún siguen haciéndolo a día de hoy. Por primera vez en la Historia, el número de personas que producían alimentos era menor que el de quienes no lo hacían. Para la gran mayoría de población actual, es posible disfrutar de alimentos para comer y disfrutar de ellos sin necesidad de producirlos. Basta con tener dinero para pagarlos. Los productos de todo el mundo llegan a través de las redes comerciales y de transporte, bien conservados por medio de poderosos refrigeradores.
A pesar de los aspectos positivos de todo esto, hemos de destacar que hay inconvenientes en el modo de vida “civilizado”. En los grupos de cazadores primitivos, el consumo de carne estaba ajustado al gasto de fuerza que se gastaba en conseguir el alimento, reproducirse e incluso realizar tareas “improductivas” como el arte y fenómenos pararreligiosos y festivos. Sin embargo, hoy en día el occidental está consumiendo por lo general demasiadas calorías para los movimientos de cada día. El ser humano como mamífero que es, está adaptado para el movimiento continuo; pero el hombre o la mujer de cualquier país desarrollado sólo camina del garaje a la puerta de casa. La práctica del deporte puede aminorar este problema de sobrecarga de alimentación, pero no deja de ser gracioso que la gente tenga que hacer ejercicio “improductivo” para quemar grasas superfluas.
La gordura, que en otros tiempos fue un símbolo de prosperidad y salud, ha degenerado en una enfermedad con dimensiones epidémicas. La OMS calcula que sólo en EE.UU., el 59% de los varones y el 49% están obesos, es decir, gordos patológicos. En el resto del mundo las proporción también es alarmante (salvo en los países asolados por hambrunas provocadas no tanto por desastres naturales como por factores sociopolíticos y económicos. El coste del tratamiento de la obesidad y sus derivados (diabetes, infartos, ciertos cánceres) puede llegar a ser excesivo y poner en jaque los presupuestos sanitarios de algunos países. Por otra parte, el miedo a engordar provoca auténticas neurosis como la anorexia, la bulimia...

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