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Una reflexión izquierdista sobre el 14 M

Una reflexión izquierdista sobre el 14 M Una reflexión muy ponderada sobre los 4 días de marzo pasados (11 a 14) y los resultados de las elecciones, teniendo en cuenta que proviene de un ultraizquierdista.

Santiago Alba Rico (fue guinista de "La Bola de Cristal")

Confieso que la noche del domingo, al calor de los primeros resultados, me dejé
llevar
por un instante de júbilo que duró desgraciadamente muy poco; porque tras la
inmensa
alegría de saber que el PP iba a perder las elecciones, sentí la inmensa
decepción de que
las fuera a ganar el PSOE. ¿Y qué otro partido podía ganarlas? Las
movilizaciones
populares que derrotaron el "pucherazo moral" del PP mientras Zapatero y
Llamazares
callaban temerosos de perder unos votos; las denuncias de medios alternativos en
internet y de ciudadanos libres en la calle mientras la mayor parte de los
grandes
periódicos y canales de televisión doblaban las rodillas ante las presiones del
gobierno;
esta repentina, inesperada, lucidísima sublevación en las urnas de la izquierda
abstencionista choca contra los límites de un sistema bipartidista en el que
todo lo que
pueden hacer los electores es votar cada cuatro años contra el partido
gobernante,
cualquiera que éste sea, sin poder jamás pronunciarse a favor de un orden
diferente. Es
como si al amor más intenso, a la pasión más arrebatada sólo se le permitiese un
beso y
además con los labios cerrados. Los votantes que han salvado España de la
dictadura
neo-franquista no tienen partido; sus deseos de cambio, su razonada enmienda a
la
totalidad, su aspiración a una democracia de verdad y a un nuevo espacio público
se
han visto forzados a expresarse a través de unas siglas en la que en realidad no
caben,
han quedado aprisionados en un partido que ya gobernó durante doce años, que
malversó traicioneramente desde 1986 el más grande capital político de
izquierdas de la
Europa de la post-guerra mundial y que, tras facilitar la llegada del PP, ha
seguido
compartiendo con él, con pequeños matices, las líneas centrales de su concepción
del
Estado: economía neoliberal, pacto anti-terrorista, unidad constitucional,
monarquía,
alianza con los EEUU.

Tenemos motivos, pues, para sentirnos aliviados, pero no para celebrar una
victoria.
(...)

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