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13M(3)

13M(3) Al día siguiente desperté temprano, tras unas pocas horas de sueño. Tuve una pesadilla: llamaban a la puerta, y estaba la policía llevándome preso. Cada poco rato oía el timbre en sueños y soñaba otra vez con lo mismo.
Al amanecer puse la radio y percibí un intento desesperado de aparentar normalidad. Las elecciones seguían, ¿el PP se dirigía encantado hacia la derrota electoral? Qué raro. La mentira oficial se había esfumado en pocas horas, y no habían hecho nada para evitarlo, a diferencia de lo ocurrido el jueves y viernes.
EMHO, el PP se había metido en un callejón sin salida por tramposos. Pretendían sacar tajada (como siempre) del terrorismo para sacar votos con la complicidad de la oposición domesticada (PSOE e IU) y la irritación impotente de los nacionalistas y la ultraizquierda. Pero algo falló: obviamente, el grupo PRISA y Zapatero no podían resignarse fácilmente a dejar perder las elecciones otra vez para mayor gloria del partido régimen. Otra victoria del PP habría supuesto casi el derrumbe del PSOE, y por eso tuvieron que arriesgarse a tirar de la manta. Pero aparte de la cadena SER, Internet estaba socavando rápidamente la versión oficial, al igual que las noticias que se daban en emisoras extranjeras que veían algunos por la tele parabólica.
En un momento dado, en la tarde del 13M, el PP se percató de la insostenibilidad del engaño nacional, y seguramente pensó en un plan a la desesperada. Es posible que el gobierno se plantease la suspensión de las elecciones a un mes vista o sine die.
Sin embargo, esa opción se desechó, porque en esos mismos momentos (tarde-noche) se estaban amotinando en las calles, no sólo los radicales de siempre, sino también gente normal y apartidista, por su voluntad propia. Era una “explosión espontánea” de enfado individual que se estaba agrupando rápidamente hacia una respuesta colectiva contra el gobierno; pero también descontrolada, porque al PSOE tampoco le interesaba echar más leña al fuego (tenía que haber elecciones al día siguiente).
Si el PP aplazaba las elecciones, las concentraciones iba a seguir y aumentar, quizás iniciando un conato de revuelta. Y esto podía volverse ingobernable, lo cual podría haber llevado a declarar el estado de excepción: despliegue masivo de policía y militares, anormalidad en las instituciones, censura explícita, etc...Esto habría supuesto a su vez un enconamiento de la situación de consecuencias tremendas para el régimen. Sólo bajo esa amenaza creo que el gobierno bajó la cabeza y se dirigió hacia la debacle electoral.
El 14-M hubo elecciones un clima de normalidad forzada. Estuve de apoderado en un partido (no en el PP, claro) y a los “(in)populares” se les veía mala cara, no les llegaba la camisa al cuello.
Cuando iba por las cabinas a comprobar las papeletas, el pepero de turno me venía detrás con cara de mal genio (¿se creía que iba a montar un fraude electoral?). A los del PSOE se les veía nerviosos de otra manera. Hablaban en voz alta, estaban excitados pensando quizás en su posible victoria.
Por la tarde me dolían los pies y uno del PP me dijo si estaba cansado se sitiar su local (sic). No le dije que había estado ausente de tales concentraciones, aunque estaba moralmente de acuerdo con ellas. ¡Qué mal perder tienen algunos!

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