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Zen. 26-5.

Zen. 26-5. La transmisión de la persona se aplica a alguien que haya sido verdaderamente influenciado e impresionado por la persona de Shakyamuni. Eso quiere decir que una persona con otra contactan. Son el maestro y el discípulo. Como la frase: "Ojo con ojo, sin sombra entre los dos"; dos personas se encuentran perfectamente sin que una sombra los separe. Dos personas se acoplan perfectamente.
Aquí una persona, allí otra. Están Shakyamuni y Mahakashyapa, y deben volverse unidad. Un poema de Manzan Osho dice: "Una comunión de corazón a corazón, pensamiento tras pensamiento sin olvidar, viéndose el uno al otro cada día, ¿por qué separar la vida y la muerte?" Sea cual sea el ardor de una pareja de amantes, no podrían jamás alcanzar este estado. Quizás durante un corto período puedan conocer la "comunión de corazón a corazón", pero no pueden entrar en la condición de pensamiento tras pensamiento sin olvidar." Si se separan un poco, se olvidarán el uno del otro completamente. "Viéndose cada día..."; si una abuela muere, se la olvidará bien pronto. ¿Por qué separar la vida y la muerte? Estar muerto o vivo no es verdaderamente el problema. Vuestra persona y la mía están siempre juntas. Por vuestra persona yo estoy iluminado.
A causa de esto, la vía de Sócrates pudo ser transmitida a una noble persona como Platón sin el menor cambio en la forma o el contenido. Esto fue posible porque hubo transmisión de la persona. En otros términos, ésta es la transmisión del Zen.
A propósito de esto, existe otra obra notable de Manzan Osho titulada Myodo Nishidan Yo Ge, que dice esto: "En un zagu ninguna división, diez mil ri al otro lado del océano, y nuestras cejas se tocan." El zagu es la pieza de tela a modo de estera que el monje zen extiende ante sí para prosternarse. En algunas ocasiones, el borde del zagu del maestro se posa sobre el borde del zagu del discípulo y se prosternan los dos juntos, a veces cara a cara, a veces lado a lado. El sentido de: "En un zagu ninguna división", es que no hay la menor separación ni el menor obstáculo entre el maestro y el discípulo.
"Diez mil ri a través del océano." Yo estoy en Kyushu y vosotros en Hokuriku; no son diez mil ri, pero aún así nuestras cejas están en estrecho contacto. Este contacto estrecho entre vuestras cejas y mis cejas es la transmisión de la persona.
Vista bajo esta perspectiva la poesía es muy interesante. Las cosas que la prosa no puede expresar aparecen con una belleza exquisita gracias al efecto poético. Esto también es la transmisión de la persona.
Es la "transmisión del espíritu", una transmisión especial "más allá de la enseñanza", y "fuera de las letras y de las palabras." En este caso, poco importa la cantidad de palabras escritas o pronunciadas, nada se dice; se habla en silencio. Esto no tiene pues nada que ver con la traducción literal o libre de algo; esta expresión abierta de la persona se muestra a través de la armonía de la poesía. Digo a menudo que el sermón de un monje debe ser parecido al lenguaje de un sordomudo. Utilizar palabras persuasivas como en las situaciones ordinarias no produce en absoluto un buen efecto. Aprender de memoria antiguos sermones y recitarlos con voz seductora no suena bien en absoluto. Para hacer que pase algo verdaderamente, es necesario que salga espontáneamente, la torpeza no estorba.
Un sordomudo todo lo hace por gestos, habla por medio de la mímica. Si hablásemos como los sordomudos sería muy original. Sin pronunciar "esto está amargo", la gente, mirando vuestro comportamiento pensará: "¡Ah! está amargo." Si mostrásemos que tenemos hambre con gestos, las palabras serían inútiles. Las fabricaciones humanas complicadas como el esperanto no son necesarias; los gestos son suficientes. Uno se hará comprender en Alemania o en Francia y nada le faltará. Esa es la "transmisión especial fuera de la enseñanza, fuera de la letra y de las palabras", de los monjes zen.
Esta profunda transmisión de la persona que es el budismo tiene, en muchos aspectos, formas muy originales de expresarse. En breve, es el Zen.
Algunas personas han dicho que en la escuela del Zen, debido a "fuera de la letra y de las palabras", sería mejor que no hubiera ninguna literatura; y sin embargo, si se hace inventario, es el Zen quien tiene la literatura más abundante (entre las escuelas budistas). ¿Por qué esto es así? Porque se descubren cosas nuevas llenas de creatividad. Porque son originales, es interesante leerlas aunque sólo sea una frase. Como quiera que sea, si nadie comprende el contenido, el lenguaje no es más que una concha vacía. Entonces somos como ese ciego que fue a ver los cerezos en flor. Se puso a abrazar diferentes árboles diciendo: "¿Dónde están los cerezos? ¿Es un cerezo esto que yo toco?." Esta es la única diferencia entre los que han visto los cerezos en flor y los que no los han visto.
Cuando se lee el Shodoka uno se asombra a cada verso. El que no se asombra muestra simplemente su propia tontería. Hay muchos versos en el Shodoka que, si se recitan a un monje interesado solamente por el dinero, le harían pensar: "Si digo este tipo de cosas, no obtendré nunca ninguna limosna." Por ejemplo: "En el ojo de la realización no hay nada que ver", o "No hay ni hombre ni Buda", o bien "Todas las cosas del Universo no son más que burbujas en el océano", o también "Todos los sabios y santos desaparecen en un relámpago." En cuanto a mí, todas estas frases me procuran un delicioso placer. No lo puedo remediar. Además son verdaderas.
Por otra parte, gracias al ritmo poético y a la fuerza del sonido, los versos se vuelven cada vez más fluidos a medida que se los recita. Aparte del Shodoka, hay numerosos poemas del mismo género, tales como el Shin Jin Mei, el Sandokai, el Hokyo Zan Mai, los poemas de Sesshi, el Shinpo No Gin y el Soan No Gin de Sekito Daishi.
Cuando el Hekigan no estaba todavía escrito, existían muchos largos poemas como éste. En esta época a la gente le gustaba cantarlos y ponerles música, y así dieron lugar a la música de ceremonia. Los poemas chinos son melodiosos; si se recitan en su lengua tienen una bella sonoridad, más rica aún cuando se cantan. A su lectura, queda uno impresionado por su belleza, mayor aún cuando se les recita. No exponen argumentos. Se puede tener una experiencia religiosa sólo con recitarlos, como tocando la flauta o escuchando música.
Por el estudio podemos aprender que los cinco skandha son la forma, la percepción, la concepción, la volición y la conciencia; que los seis órganos de los sentido son la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la facultad de pensar; y que la cadena de las doce causalidades comprende la ignorancia, las acciones que se derivan de ésta, la conciencia, las funciones mentales y su objeto, los cinco órganos y el espíritu, el contacto, la percepción, el deseo, el apego, la existencia, el nacimiento, la vejez y la muerte. La ilusión, la acción y el sufrimiento, el pasado, el presente y el futuro. Si acumulamos este tipo de conocimientos quizás podamos pasar un examen pero esto no guarda ninguna relación con la persona. El Zen no es así. La persona de Buda ha sido transmitida hasta aquí como la electricidad. Para intentar explicar esto, el lenguaje tradicional es simplemente insuficiente, así que se tiene que recurrir inevitablemente a palabras con resonancias poéticas. Entre los textos zen que no están en prosa, el primero que apareció (en China) fue el Shin Jin Mei del tercer patriarca. Seguidamente viene el Shodoka. El texto original está en lengua china, pero, para hacerlo accesible al lector, he introducido en él kana y lo he vuelto a escribir. Recomiendo a la gente resuelta aprender a leer en chino a causa de la profundidad de esta lengua.

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