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Sin embargo, por otro lado, la metalurgia, en algunas formas tradicionales, ha sido, al contrario, particularmente exaltada e incluso ha servido de base a organizaciones iniciáticas muy importantes; nos contentaremos con citar a este respecto el ejemplo de los Misterios kabíricos, sin poder insistir aquí sobre este tema muy complejo y que nos llevaría demasiado lejos; lo que es menester retener por el momento, es que la metalurgia tiene a la vez un aspecto «sagrado» y un aspecto «execrado», y, en el fondo, estos dos aspectos proceden de un doble simbolismo inherente a los metales en sí mismos.Para comprender esto, es menester ante todo acordarse de que los metales, en razón de sus correspondencias astrales, son en cierto modo los «planetas del mundo inferior»; así pues, como los planetas mismos de los que reciben y condensan por así decir las influencias en el medio terrestre, deben tener naturalmente un aspecto «benéfico» y un aspecto «maléfico» . Además, puesto que se trata en suma de un reflejo inferior, lo que representa claramente la situación misma de las minas metálicas en el interior de la tierra, el lado «maléfico» debe devenir fácilmente predominante; es menester no olvidar que, desde el punto de vista tradicional, los metales y la metalurgia están en relación directa con el «fuego subterráneo», cuya idea se asocia bajo muchos aspectos a la del «mundo infernal» . Bien entendido, las influencias metálicas, si se las toma por el lado «benéfico» utilizándolas de una manera verdaderamente «ritual» en el sentido más completo de esta palabra, son susceptibles de ser «transmutadas» y «sublimadas», e incluso, entonces, pueden devenir tanto mejor un «soporte» espiritual cuanto que lo que está en el nivel más bajo corresponde, por analogía inversa, a lo que está en el nivel más elevado; todo el simbolismo mineral de la alquimia está fundado en definitiva sobre esto, así como también el de las antiguas iniciaciones kabíricas . Por el contrario, cuando ya no se trata más que de un uso profano de los metales, y puesto que el punto de vista profano mismo tiene como efecto necesariamente cortar toda comunicación con los principios superiores, entonces ya no queda apenas otro que el lado «maléfico» de las influencias correspondientes que pueda actuar efectivamente, y que se desarrollará tanto más cuanto que se encontrará así aislado de todo lo que podría restringirle y equilibrarle; y este caso de un uso exclusivamente profano es evidentemente el que, en el mundo moderno, se realiza en toda su amplitud .
Hasta aquí, nos hemos colocado sobre todo en el punto de vista de la «solidificación» del mundo, que es el que desemboca propiamente en el «reino de la cantidad», de la que el uso actual de los metales no es todavía más que un aspecto; de hecho, este punto de vista es el que se ha manifestado en todas las cosas de la manera más visible hasta el punto en que el mundo ha llegado al presente. Pero las cosas pueden ir todavía más lejos, y los metales, debido al hecho de las influencias sutiles que están vinculadas a ellos, pueden jugar también un papel en una fase ulterior que tiende más inmediatamente hacia la disolución final; ciertamente, estas influencias sutiles, en todo el curso del periodo que se puede calificar de materialista, han pasado en cierto modo al estado latente, como todo lo que está fuera del orden corporal puro y simple; pero eso no quiere decir que hayan dejado de existir, y ni siquiera que hayan dejado de actuar enteramente, aunque de una manera disimulada, cuyo lado «satánico», que existe en el «maquinismo» mismo, (aunque no únicamente ahí) en sus aplicaciones destructivas, no es en suma más que una de sus manifestaciones anticipadas, aunque los materialistas sean naturalmente incapaces de sospechar nada de esto. Así pues, estas mismas influencias pueden no esperar más que una ocasión favorable para afirmar su acción más abiertamente, y, naturalmente, siempre en el mismo sentido «maléfico», puesto que, en lo que concierne a las influencias de orden «benéfico», este mundo ha sido por así decir cerrado por la actitud profana de la humanidad moderna; ahora bien, esta ocasión puede incluso no estar ya muy alejada, ya que la inestabilidad que va actualmente en aumento en todos los dominios muestra bien que el punto que corresponde a la mayor predominancia efectiva de la «solidez» y de la «materialidad» ya ha sido rebasado.
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