ERDLC. 14-4 bis
Y he aquí donde aparece la antinomia del «sentido inverso»: los que viven según el tiempo, elemento cambiante y destructor, se fijan y se conservan; los que viven según el espacio, elemento fijo y permanente, se dispersan y cambian incesantemente. Es menester que ello sea así para que la existencia de los unos y de los otros permanezca posible, por el equilibrio al menos relativo que se establece entre los términos representativos de las dos tendencias contrarias; si solo una u otra de estas dos tendencias compresiva y expansiva estuviera en acción, el fin vendría pronto, ya sea por «cristalización», ya sea por «volatilización», si es permisible emplear a este respecto dos expresiones simbólicas que deben evocar la «coagulación» y la «solución» alquímicas, y que, por lo demás, corresponden efectivamente, en el mundo actual, a dos fases de las que tendremos que precisar todavía después la significación respectiva . En efecto, estamos aquí en un dominio donde se afirman con una particular claridad todas las consecuencias de las dualidades cósmicas, imágenes o reflejos más o menos lejanos de la primera dualidad, la misma de la esencia y de la substancia, del Cielo y de la Tierra, de Purusha y de Prakriti, que genera y rige toda manifestación.Pero para volver al simbolismo bíblico, el sacrificio animal es fatal para Abel , y la ofrenda vegetal de Caín no es aceptada ; el que es bendito muere, el que vive está maldito. Así pues, el equilibrio, de una y otra parte, esta roto; ¿cómo restablecerle, sino por intercambios tales que cada uno tenga su parte de las producciones del otro? Es así como el movimiento asocia el tiempo y el espacio, puesto que en cierto modo es una resultante de su combinación, y concilia en ellos las dos tendencias opuestas que hemos tratado hace un momento ; por lo demás, el movimiento no es, él mismo, más que una serie de desequilibrios, pero la suma de éstos constituye el equilibrio relativo compatible con la ley de la manifestación o del «devenir», es decir, con la existencia contingente misma. Todo intercambio entre los seres sometidos a las condiciones temporal y espacial es en suma un movimiento, o más bien un conjunto de dos movimientos inversos y recíprocos, que se armonizan y se compensan el uno al otro; aquí, el equilibrio se realiza pues directamente por el hecho mismo de esta compensación . Por lo demás, el movimiento alternativo de los intercambios puede recaer sobre los tres dominios, espiritual (o intelectual puro), psíquico y corporal, en correspondencia con los «tres mundos»: intercambio de los principios, de los símbolos y de las ofrendas, tal es, en la verdadera historia tradicional de la humanidad terrestre, la triple base sobre la cual reposa el misterio de los pactos, de las alianzas y de las bendiciones, es decir, en el fondo, la repartición misma de las «influencias espirituales» en acción en nuestro mundo; pero no podemos insistir más sobre estas últimas consideraciones, que se refieren evidentemente a un estado normal del que actualmente estamos muy alejados bajo todos los aspectos, y del que el mundo moderno como tal no es incluso propiamente más que la negación pura y simple.
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