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ERDLC. 12-4 bis

ERDLC. 12-4 bis En efecto, en el simbolismo bíblico, Caín es representado ante todo como agricultor, Abel como pastor, y son así los tipos de las dos suertes de pueblos que han existido desde los orígenes de la presente humanidad, o al menos desde que se ha producido en ella una primera diferenciación: los sedentarios, dedicados a la cultura de la tierra; los nómadas, al pastoreo de los rebaños . Son, es menester insistir en ello, las ocupaciones esenciales y primordiales de esos dos tipos humanos; el resto no es más que accidental, derivado o sobreagregado, y hablar de pueblos cazadores o pescadores, por ejemplo, como lo hacen comúnmente los etnólogos modernos, es, o tomar lo accidental por lo esencial, o referirse únicamente a unos casos más o menos tardíos de anomalía y de degeneración, como se puede constatar de hecho en algunos salvajes (y los pueblos principalmente comerciantes o industriales del Occidente moderno no son, por otra parte, menos anormales, aunque de otra manera) . Cada una de estas dos categorías tenía naturalmente su ley tradicional propia, diferente una de la otra, y adaptada a su género de vida y a la naturaleza de sus ocupaciones; esta diferencia se manifestaba concretamente en los ritos sacrificiales, de donde la mención especial que se hace de las ofrendas vegetales de Caín y de las ofrendas animales de Abel en el relato del Génesis . Puesto que hacemos más particularmente llamada aquí al simbolismo bíblico, es bueno destacar seguidamente, a este propósito, que la Thorah hebraica se vincula propiamente al tipo de la ley de los pueblos nómadas: de ahí la manera en la que está presentada la historia de Caín y de Abel, que, bajo el punto de vista de los pueblos sedentarios, aparecería bajo otra luz y sería susceptible de otra interpretación; pero por lo demás, bien entendido, los aspectos correspondientes a estos dos puntos de vista están incluidos el uno y el otro en su sentido profundo, y no hay en eso en suma más que una aplicación del doble sentido de los símbolos, aplicación a la que hemos hecho una alusión parcial a propósito de la «solidificación», puesto que esta cuestión, como se verá quizás mejor todavía después, se liga estrechamente al simbolismo de la matanza de Abel por Caín. Del carácter especial de la tradición hebraica viene también la reprobación que se da en ella de ciertas artes o de ciertos oficios que convienen propiamente a los sedentarios, y concretamente a todo lo que se refiere a la construcción de habitaciones fijas; al menos la cosa fue efectivamente así hasta la época en que precisamente Israel dejó de ser nómada, al menos durante varios siglos, es decir, hasta el tiempo de David y de Salomón, y se sabe que, para construir el Templo de Jerusalem, fue menester entonces hacer llamada a obreros extranjeros .

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