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ERDLC. 12-4.

ERDLC. 12-4. Caín y Abel

La «solidificación» del mundo tiene también, en el orden humano y social, otras consecuencias de las que no hemos hablado hasta aquí: a este respecto, engendra un estado de cosas en el que todo está contado, registrado y reglamentado, lo que, por lo demás, no es, en el fondo, más que otro género de «mecanización»; en nuestra época, es muy fácil constatar por todas partes hechos sintomáticos tales como, por ejemplo, la manía de los censos (que se relaciona directamente con la importancia atribuida a las estadísticas) , y, de una manera general, la multiplicación incesante de las intervenciones administrativas en todas las circunstancias de la vida, intervenciones que deben tener por efecto naturalmente asegurar una uniformidad tan completa como es posible entre los individuos, tanto más cuanto que es en cierto modo un «principio» de toda administración moderna tratar a esos individuos como a simples unidades numéricas todas semejantes entre sí, es decir, actuar como, si por hipótesis, la uniformidad «ideal» estuviera ya realizada, y obligar así a todos los hombres a ajustarse, si se puede decir, a una misma medida «media». Por otra parte, esta reglamentación cada vez más excesiva se encuentra que tiene una consecuencia muy paradójica: es que, mientras que se elogia la rapidez y la facilidad crecientes de las comunicaciones entre los países más alejados, gracias a las invenciones de la industria moderna, al mismo tiempo se establecen todos los obstáculos posibles a la libertad de esas comunicaciones, de suerte que, frecuentemente, es prácticamente imposible pasar de un país a otro, y que, en todo caso, eso ha devenido mucho más difícil hoy día que en los tiempos en los que no existía ningún medio mecánico de transporte. Eso es también un aspecto particular de la «solidificación»: en un tal mundo, ya no hay lugar para los pueblos nómadas que hasta aquí subsistían todavía en condiciones diversas, ya que llegan poco a poco a no encontrar ante ellos ningún espacio libre, y por otra parte se esfuerzan por todos los medios por conducirles a la vida sedentaria , de suerte que, bajo está relación también, no parece estar muy lejano el momento en que «la rueda cesará de girar»; por añadidura, en esta vida sedentaria, las ciudades, que representan en cierto modo el último grado de la «fijación», toman una importancia preponderante y tienden cada vez más a absorberlo todo ; y es así como, hacia el fin del ciclo, Caín acaba verdaderamente de matar a Abel.

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