ERDLC.24-3.
Los postulados del racionalismoAcabamos de decir que es en el nombre de una ciencia y de una filosofía calificadas de «racionales» como los modernos pretenden excluir todo «misterio» del mundo tal como se le representan, y, de hecho, se podría decir que cuanto más estrechamente limitada es una concepción, tanto más estrictamente «racional» se la considera; por lo demás, se sabe bastante bien que, desde los «enciclopedistas» del siglo XVIII, los más acérrimos negadores de toda realidad suprasensible aman particularmente invocar la «razón» a todo propósito y proclamarse «racionalistas». No obstante, cualquiera que sea la diferencia que haya entre ese «racionalismo» vulgar y el «racionalismo» propiamente filosófico, no es en suma más que una diferencia de grado; uno y otro corresponden bien a las mismas tendencias, que no han hecho más que ir exagerándose, y al mismo tiempo «vulgarizándose» durante todo el curso de los tiempos modernos. Por lo demás, ya hemos tenido tan frecuentemente la ocasión de hablar del «racionalismo» y de definir sus principales caracteres, que casi podríamos contentarnos con remitir sobre este tema a algunas de nuestras precedentes obras ; no obstante, el «racionalismo» está tan ligado a la concepción misma de un ciencia cuantitativa que no podemos dispensarnos de decir todavía a su respecto al menos algunas palabras aquí.
Así pues, recordaremos que el racionalismo propiamente dicho se remonta a Descartes, y hay que notar que, desde su origen, se encuentra asociado así directamente a la idea de una física «mecanicista»; por lo demás, el Protestantismo le había preparado el camino, al introducir en la religión, con el «libre examen», una suerte de racionalismo, aunque entonces la palabra no existía todavía, puesto que no se inventó hasta que la misma tendencia no se afirmó más explícitamente en el dominio filosófico. El racionalismo bajo todas sus formas se define esencialmente por la creencia en la supremacía de la razón, proclamada como un verdadero «dogma», y que implica la negación de todo lo que es de orden supraindividual, concretamente de la intuición intelectual pura, lo que entraña lógicamente la exclusión de todo conocimiento metafísico verdadero; la misma negación tiene también como consecuencia, en otro orden, el rechazo de toda autoridad espiritual, puesto que ésta es necesariamente de fuente «suprahumana»; así pues, el racionalismo y el individualismo son tan estrechamente solidarios que, de hecho, se confunden lo más frecuentemente, salvo, no obstante, en el caso de algunas teorías filosóficas recientes que, aunque no son racionalistas, por ello no son menos exclusivamente individualistas
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