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La venganza...22-3 bis

La venganza...22-3 bis Ante esta perspectiva, caben tres opciones principales, todas problemáticas:
1. Quedarse quieto esperando que no suceda nada y refugiándose en actitudes escapistas (no es de extrañar tanta secta, tanto fútbol, tantos pasatiempos absurdos a nuestro alrededor). Estos se refugian en el “hedonismo” burgués o en ascetismos sin ningún contacto con la realidad en una fuga provisional e individualista. Lo peor de todo es que aún hay quienes ven contracultural o alternativo todo esto (ya sea la admiración acrítica de culturas no occidentales como los rastafaris, ya sea la práctica del vegetarianismo sectario, o la petición de la legalización de la maría como el colmo de la radicalidad).
2. Lamentarse con la pose del conservador nostálgico, no ya del “bucólico” mundo preindustrial, sino de los grandes momentos del siglo XX y de la Modernidad (aquí caben los liberales bondadosos, los residuos de la socialdemocracia...). Pretenden encontrar una salida cuando es ya demasiado tarde para apaños parciales o reformas. Aquí entran también los llamados “ciudadanistas” y “altermundistas”, con sus propuestas de Tasas Tobin y demás ingenierías sociales para pasar el rato mientras la izquierda institucional (o su simulacro) hace el ridículo elección tras elección, o lo que es peor, se contamina de ideas derechistas (Tony Blair es el paradigma de este progre-conservadurismo).
3. Complacerse en el caos creciente por momentos y ver en ello los síntomas de la revolución futura, el Gran Acontecimiento largo tiempo esperado. Este nihilismo “revolucionario” es el que nutre las esperanzas de la ultraizquierda (entiendo por tal el anarquismo y los restos del naufragio soviético). Sin embargo, hoy más que nunca (aunque suene reaccionario escribirlo) no hay brazos suficientes para llevar a cabo la Gran Hazaña. Entre el escaso porcentaje de personas que quieren “otro mundo” dentro de esta realidad, las actitudes de derrotismo conviven enfrentadas con el conspiracionismo estéril y a su vez con el dogmatismo de propuestas fosilizadas que pudieron tener sentido en el siglo pasado, si acaso...Todo ello con la omnipresencia de un activismo frenético pero sin mucho talento, que se ve reflejado perfectamente en los “happenings” antiglobalización (ya sean payasadas pacifistas o “machadas” violentas).
Malos tiempos para la lírica, pero también para el ensayo teórico y su puesta en práctica antes de la venganza del “homo neoliticus”.
Antiguamente se decía “¡SOCIALISMO O BARBARIE!”
Hoy podría cambiarse el lema y escribir: “El socialismo, ¿antes o después de la barbarie?” Porque la barbarie ya se ha instalado a gusto en esta sociedad; pero los pesimistas (o sea, realistas sin esperanzas vanas) contemplamos esta barbarie como el preludio de una barbarie mayor aún.
El futuro no es lo que era, y no hace falta ser expresidente del gobierno con ínfulas de filósofo barato para verlo.

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