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... . No hay que decir que, como a pesar de todo no se puede suprimir enteramente la diferencia de las aptitudes, esta educación no dará para todos exactamente los mismos resultados; pero, no obstante, es muy cierto que, si es incapaz de dar a algunos individuos cualidades que no tienen, es al contrario muy susceptible de asfixiar en los otros todas las posibilidades que rebasan el nivel común; es así como la «nivelación» se opera siempre por abajo, y, por lo demás, no puede operarse de otro modo, puesto que ella misma no es más que una expresión de la tendencia hacia abajo, es decir, hacia la cantidad pura que se sitúa más abajo de toda manifestación corporal, no solo por debajo del grado ocupado por los seres vivos más rudimentarios, sino también por debajo de lo que nuestros contemporáneos han convenido llamar la «materia bruta», y que, sin embargo, puesto que se manifiesta a los sentidos, está todavía lejos de estar enteramente desprovista de toda cualidad.
Por lo demás, el occidental moderno no se contenta con imponer en su casa un tal género de educación; quiere también imponerla a los demás, con todo el conjunto de sus hábitos mentales y corporales, a fin de uniformizar al mundo entero, del que, al mismo tiempo, uniformiza también hasta su aspecto exterior por la difusión de los productos de su industria. La consecuencia, paradójica solo en apariencia, es que el mundo está tanto menos «unificado», en el sentido real de esta palabra, cuanto más uniformizado deviene así; eso es completamente natural en el fondo, puesto que, como ya lo hemos dicho, el sentido en el que se le arrastra es ese donde la «separatividad» va acentuándose cada vez más; pero vemos aparecer aquí el carácter «paródico» que se encuentra tan frecuentemente en todo lo que es específicamente moderno. En efecto, al ir directamente contra la verdadera unidad, puesto que tiende a realizar lo que está más alejado de ella, esta uniformización presenta como una suerte de caricatura de ella, y eso en razón de la relación analógica por la que, como lo hemos indicado desde el comienzo, la unidad misma se refleja inversamente en las «unidades» que constituyen la cantidad pura. Es esta inversión misma la que nos permitía hablar hace un momento de «ideal» al revés, y se ve que es menester entenderlo efectivamente en un sentido muy preciso; por lo demás, no se trata de que sintamos lo más mínimo la necesidad de rehabilitar esta palabra de «ideal», que sirve casi indiferentemente para todo en los modernos, y sobre todo para encubrir la ausencia de todo principio verdadero, y de la cual se abusa tanto que ha acabado por estar completamente vacía de sentido; pero al menos no podemos impedirnos destacar que, según su derivación misma, debería marcar una cierta tendencia hacía la «idea» entendida en una acepción más o menos platónica, es decir, en suma hacía la esencia y hacía lo cualitativo, por vagamente que se lo conciba, mientras que lo más frecuentemente, como en el caso de que se trata aquí, se toma de hecho para designar lo que es exactamente su contrario.

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