Zen. 1-6 bis
Fundar su Práctica en las IlusionesDogen escribió en el Gakudô Yôyin-shu: "Fundar su práctica en las ilusiones, producir el espíritu del despertar antes de percibirlo". Las ilusiones, en la práctica de la Vía han sido comparadas con un "precioso coágulo de sangre". La práctica de la Vía implica cantidad de cosas pero zazen permanece siempre en el corazón de la vida cotidiana. Se dice que practicar es como cerrar el paso a las ilusiones. Los hombres son los hombres y se diga lo que se diga no existen los milagros, esperan siempre que sus votos se cumplan y obtener una recompensa por sus esfuerzos. Como el hombre está hecho así, la practica de la Vía debe perseguirse en medio de las ilusiones y querer parar las ilusiones es el zazen del hombre ordinario. Esto último durante zazen inmoviliza el coágulo de sus ilusiones al querer pararlas, puesto que el buen método es al contrario, dejarlo pasar. Preguntémonos solo lo siguiente: "¿Mi acción sirve a la Vía? ¿o a las ilusiones?" Si se actúa sin discernimiento, desde la ceguera, somos exactamente como un gato que tiene la cabeza en una bolsa de papel y que se encuentra en la mitad de la plaza Ginza, incapaz de distinguir el esto del oeste y acabará por morirse sin saber que hacer. Alguien dijo: "Hasta los 50 años, he ido de oscuridad en oscuridad". ¡Eso es un vida muy arriesgada!
En los últimos tiempos, repito siempre la misma cosa: el dinero está hecho para ser gastado. Ahora bien, en nuestra época, demasiada gente se deja manipular y someter por el dinero. Si heredan de sus padres, se convierten en esclavos de su fortuna y llevan una vida de guardianes de caja fuerte sin hacer ninguna otra cosa.
En la rama Sôtô del zazen, los niños aprenden de memoria el Gakudô Yôjinshû. Cuando son adultos, les queda en la memoria este texto pero lo entienden porque no se ha restituido a las palabras la sustancia de la vida cotidiana. Ven las palabras sin comprender su sentido. Hay que vivir verdaderamente las palabras.
"Transmitir simplemente términos, hacer recitar nombres, enseñar las joyas de los demás de la mañana a la noche, todo eso no vale nada". "La palabra está verde, el término no está maduro". ¡Esto está bien dicho! "Comprender de un golpe el zen de Buda" es "fundar su práctica en las ilusiones y producir el espíritu de despertar antes de comprender". Convertirse en Buda, es estar simplemente sentado en zazen. Discernir el camino, es seguirlo. Práctica y despertar son solo uno. No hay que despertar sin practicar.
Practicando, es decir practicando en medio de las ilusiones, el despertar se produce antes que seamos consientes. ¿No es eso una práctica maravillosa? Después cada práctica emite una luz dulce que aclara el despertar original. Eso es lo que se entiende por "comprender el zen de Buda". Claro que es evidente que leer libros sin practicar no sirve de ayuda en la Vía del Buda.
Me preguntaba siempre que libros hay que leer para comprender el zen. Si estoy tumbado, contesto sin moverme "tengo prisa, ven a hacer zazen todos los días". Esta clase de preocupación hay que situarla en la serie de las pasiones. El zen es "hacer". El problema está sobre todo en no cometer errores "haciéndolo". Doy explicaciones, casi siempre cogiendo a la gente de la mano y enseñándole como sentarse. Soy extremadamente severo con lo que concierne a la postura.
En el dôjô de la Universidad de Komazawa, hay siempre doscientos estudiantes y que allí reine un silencio tan profundo con tanta gente me sorprendido siempre. Aunque de ordinario todos estos jóvenes sean ruidosos y toscos, nunca he visto uno solo entre ellos entrar en el dôjô canturreando o con una colilla en la boca. Dan la impresión de no haber matado nunca una mosca. Entran en silencio, hacen gasshô y se sientan. Los que esperan a la salida y que no han practicado zazen, están sorprendidos. Un grupo se comporta exactamente como una brasa de carbón, una brasa candente que sin atizarla, se apaga sola. Un montón de brasas se convierten en un brasero ardiente. Una persona que tosa, se limpie la nariz o cambie de pierna, debe hacerlo discretamente. Cuando somos muchos, cada uno debe recogerse en si mismo para no molestar a los demás, en virtud de que se obtenga una atmósfera única. Eso no depende de mi, sino de cada miembro del grupo.
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