Zen. 17-5 Ter.
Zen y religión.El Zen es la esencia de todo el Budismo. Pero ante todo y esencialmente es contacto con el Absoluto en nosotros mismos, Despertar a la Realidad más allá de las apariencias visibles, comprensión de nuestra profunda naturaleza humana, invisible. Y en esto es universal.
Ya el Maestro Dogen (1200-1254), uno de los fundadores del Zen japonés, decía: "Aquel que mire el Zen como una secta del Budismo y lo llame así, es un diablo".
El Zen es ante todo una Postura, la postura sedente de Zazen, con sus tres elementos: actitud del cuerpo, actitud del espíritu y respiración.
Una postura quiere decir evidentemente, en el sentido amplio del término, una actitud ante la vida: actitud de fuerza y de equilibrio, de serenidad y de vigilancia, de respeto y de tolerancia, de unión con la vida cósmica.
El Zen se sitúa más allá de todas las religiones tradicionales, pero al ser la raíz misma del espíritu religioso, puede vivir entre todas las religiones, dar a cada una su verdadero poder religioso, y, en el seno de todas las místicas, de la misma manera que un pez viviendo en el agua. "El agua es la vida para el pez, pero el pez es también la vida para el agua", decía Dogen.
Zen y libertad.
Trascender los limites de los propios conflictos, sentirse uno con los demás, conducirse naturalmente es la vía de la libertad. La verdadera libertad es interior. Significa confianza en sí mismo. De esta manera es posible conformarse a las reglas exteriores e interiormente permanecer libre.
El Zen en el pensamiento occidental.
Numerosos pensadores occidentales contemporáneos han sido sensibles a la enseñanza del Zen y han manifestado su interés por él. Por ejemplo los psicoanalistas C. G. Jung, Erich Fromm y Karen Horney. Filósofos eminentes como Karl Jaspers, Martin Heidegger, Martin Baber y Simone Weil. El gran antropólogo Claude Levi-Strauss. El místico católico Thomas Merton, así como muchos escritores de diferentes talantes como el Dr. Paul Chauchard y el alemán Eugen Herrigel, los americanos Henri Miller y Alan Watts, los ingleses R. H. Blyth y Christmas Humphrey, así como otros artistas como Braque, Picasso o el coreógrafo francés Maurice Bejart.
También se puede encontrar ecos del espíritu Zen, de su actitud ante la vida, en las obras de Goethe, de William Blake y de Emerson, así como en los grandes místicos cristianos tales como el Maestro Eckart, Tauler y Suso en el siglo xv, y Jacob Boehme en el siglo XVII.
El Zen se encuentra en el corazón de la filosofía pero su esencia no puede ser alcanzada por el pensamiento. Esta sabiduría que no es especulación intelectual, sino fuerza motriz, arte de vivir y manera de ser. Solo se puede llegar a ella a través de la practica de la meditación. Por eso fue necesario que un maestro auténtico viniera a enseñarlo a Europa.
Zen y medicina.
La actitud corporal y mental, adoptada durante la práctica de Zazen, engendra vigilancia. La vigilancia se refiere a las posibilidades cerebrales de atención y de concentración selectivas, mientras que todas las solicitaciones, no retenidas por esta selección, son mantenidas en un pórtico infraliminar, y por lo tanto no son percibidas
El Dojo, lugar elegido para la practica de Zazen, contribuye a la desconexión sensorial relativa, tiempo preliminar a la vigilancia.
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