Blogia
eedm

Navidad en Palestina 2004. Final.

Navidad en Palestina 2004. Final. Dos soldados se acercaron a José y señalaron hacia María para que caminara hacia delante.
Les interrogaron durante varias horas. De dónde veían, por qué se habían marchado, por qué su casa había sido destruida "¡Algo habréis hecho!", dijo el oficial israelí -, hacia dónde se dirigían, por qué viajaban de noche y por carreteras secundarias, con quién se iban a alojar, durante cuánto tiempo y sobre todo, cuál era su relación con la Autoridad Palestina, con Hamas, la Jihad, o el FPLP. Cada respuesta, directa y sencilla, provocaba una mueca de sospecha.
María podía sentir las contracciones cada vez con mayor frecuencia. No sentía los pies de frío. José, un carpintero casi sin educación que nunca había pertenecido a ninguna organización y María, que nunca había emitido una opinión política, estaban totalmente confusos.
El oficial plantó su pulgar sobre el vientre de María. "Otro subversivo. Vosotros, los terroristas, criáis como conejos".
María hizo rechinar sus dientes. Sintió que una contracción fuerte recorría todo su cuerpo.
Los oficiales israelíes despachaban entre ellos. "Claramente, son agentes. Vamos a soltarles y que nos lleven ante quienes les han dado órdenes".
El oficial encargado les ordenó continuar su camino.
Era todavía de noche cuando entraron en Belén, y María apenas podía mantenerse sobre la montura a causa de las contracciones. José estaba desorientado. No podía encontrar la calle ni la casa. No había nadie en las calles a causa del toque de queda. El burro olfateó y les condujo a un establo en el que algunas cabras y ovejas dormían sobre la paja. José ayudó a María a descender del burro, y María apoyó la cabeza sobre un haz de paja. El burro empezó a mordisquear la paja.
María estaba de parto y un grito se escapó de entre sus dientes. José ayudó como pudo. Milagrosamente, el niño nació y empezó a llorar de inmediato. Se encendió una luz, y los propietarios (un matrimonio palestino), salieron. La esposa limpió al bebé y tapó a María con mantas.
La casa estaba llena de familiares que habían huido de Nablus y Ramallah para evitar los misiles israelíes. Aquí, entre los cristianos palestinos de Belén, estarían más seguros.
La noche siguiente, una estrella brilló en el cielo y los Tres Reyes que venían de allende los mares cruzaron los controles israelíes sin ser observados, con la protección del Señor -o eso creían-. Se acercaron al establo en el que estaba el recién nacido, llamado Jesús, y depositaron ante él sus regalos, arrodillándose ante su Salvador, que dormía en una cuna fabricada por José.
De repente, comenzaron a escucharse gritos y el ruido de los fusiles mientras rompían las puertas y los cristales de las ventanas. Un helicóptero se acercó ruidosamente y de pronto hubo una explosión. El establo voló por los aires. Brazos, piernas, cabezas de ovejas y piernas de cabra, torsos humanos y una cabeza de bebé volaron hacia el oscuro cielo aterciopelado.
La radio israelí anunció que tres supuestos terroristas árabes que habían huido de Afganistán habían sido asesinados en un escondite de Belén tras haber cruzado la frontera. El gobierno israelí pidió disculpas en caso de que hubiera habido alguna víctima civil. Los medios de comunicación en EEUU repitieron la misma historia, al tiempo que Washington felicitaba al gobierno israelí por su papel en la lucha contra el terrorismo internacional. Jesús había vivido solamente un día.

0 comentarios