La venganza del neolítico. 21-3.
Si abducimos por sorpresa a un ciudadano cualquiera de una ciudad occidental y lo dejamos en una zona aislada (no digamos el desierto, la selva o el polo) lejos de cualquier carretera o teléfono, sin más equipaje que la ropa puesta, es muy probable que no durase más de una semana: el que no hubiese fallecido de hambre o de envenenamiento por comer algo en mal estado, habría cogido alguna infección fulminante por el calor o el frío(las defensas bajas por las drogas y el estrés) o habría pillado el tétanos por tropezarse con algún objeto contaminado...o simplemente se habría despeñado en una zona accidentada por falta de sentido de la orientación.Así de triste y así de real.
Si mañana se cortase la corriente eléctrica por alguna catástrofe desconocida o si algún Fumanchú mundial acaparase el suministro de petróleo a gran escala, las ciudades pronto caerían en el caos. Sin medios de transporte, y sin fuentes de energía, sólo podría cultivarse algún parque y jardines en zonas residenciales (eso si los urbanitas tuviesen rudimentos de horticultura y semillas a mano); la mayoría de la población moriría de inanición en las grandes urbes a varios kilómetros de un campo cultivado; en el mejor de los casos, emigrarían de mala manera a las zonas rurales, donde seguramente los escasos supervivientes de la industrialización (sí, esos matracos con boina) se acordarían de décadas de olvido y quizás no les recibiesen con los brazos abiertos...máxime cuando probablemente el lumpenproletariado urbano decidiese que era mejor arrebatar la comida a los que la producen que ponerse a picar todo el día.
Películas como Mad Max o Rescate en Nueva York dan una pálida idea de lo que puede suponer la decadencia del mundo urbano occidental. Mientras la gente joven de los pueblos sigue emigrando todavía (aunque menos que hace 30 años) a las ciudades bajo confusas y tramposas promesas (en la ciudad hay buenos trabajos=ja) y mientras los inmigrantes del lejano mundo rural de otros continentes afluyen a las urbes europeas, el campo espera su venganza pacientemente.
¿Cuándo llegará la venganza del hombre neolítico sobre el ciudadano? No se puede predecir, pero hay signos bastante interesantes, como cierto movimiento neorrural (por desgracia, todavía apegado al hippismo decorativo o a la cultura urbanita) o el interés de algunas personas urbanas por las tradiciones y los oficios rurales (aunque todavía a un nivel de nostalgia o etnología naif). Lo que está claro es que el actual modelo de crecimiento económico sin freno tiene por fuerza un límite claro; el del stock mundial todavía sin descubrir de petróleo y demás combustibles fósiles.
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